Cuando un joven pálido y nervioso de 29 años escribió un guión pequeño -de apenas 85 páginas- sobre un maestro tirano y su alumno solitario, jamás imaginó el tirón que daría su vida. Fueron meses en donde le tocó acostumbrarse a los aplausos, las palmadas en la espalda y las adulaciones. Era imposible pensar que una película sobre baterías y clases en un aula pudieran representar tanto para un público ajeno al jazz y las tramas bélicas. El director se llamaba Damien Chazelle, su primer filme: Whiplash.

Después de festivales, reflectores y contraros, el siguiente filme de Chazelle podía tomar dos vertientes: o hacía otro filme en donde hubiera esa tensión y poder o hacía algo ligado al jazz. Optó por la segunda. Y no solo optó por el jazz, a sus 31 años se animó a hacer un estilo de cine muy génerico y segmentado: el musical.

Ver a personas bailando como si la vida fuese un comercial de Coca Cola no es cómodo para todos los públicos, en especial para los que gozan del diálogo pasivo y las escenas de balazos. Así que con esta limitante en taquilla, Chazelle decidió contratar a la encantadora Emma Stone y al galán modesto de Ryan Gosling.

El dúo, que ya se había amado en otro film, tenía la tarea de dar esqueleto a La La Land, un filme no solo divisado por la crítica debido a la primera obra de su director, sino también por su apuesta riesgosa: musical + director novato + estrellas de cine cotizadas. La formula podría acabar como los últimos proyectos de Baz Luhrmann (The Great Gatsby, The Get Down), entre presupuertos colosales y guiones aburridísimos.

Foto: Universal Pictures

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Para La La Land, Chazelle no solo tenía la confianza de un presupuesto colosal de 20 millones de dólares (interesante cuando Whiplash fue rodada con poco más de 3 millones), sino que le permitieron hacerse cargo del guión. Una historia quizá típica: un hombre en busca de su sueño, es decir, poner un bar de jazz que realmente posicione a este género de destreza musical, y las ansias de una actriz primeriza por triunfar en el cine de California. Pero todo esto aderezado del mejor trabajo musical a cargo de Justin Hurwitz y un guión que, aseguran, estaba listo desde antes de la propia Whiplash. Quizá esta última hecha para poder tener el dinero suficiente para grabar La La Land con soltura.

(SPOILERS)

Y se logra magistralmente. Desde la primera escena La La Land sienta las bases de su discurso: un musical sin intenciones de más. Gente bailando, el sol de California, coros agudos, acrobacias de bailarines elásticos como fideos bien hechos y un aura de tributo al Hollywood más primigenio. En medio de todo esto se descubre también un guión sólido y bien aterrizado. Al principio parece que la película busca poner a prueba al público menos conocedor: a ver si aguantan y resisten canción tras canción durante la primera media hora. Si logran digerir este tiempo de baile y música es cuando la película se empieza a poner realmente seria (la primera media hora es mas un file adolescente que una pieza digna del Oscar).

La situación se pone seria a medida en que los protagonistas se van relacionando. Gosling tiene dominada a la cámara y su papel de galán despreocupado se repite en este filme como en la mayoría de sus trabajos. Por otro lado, Emma Stone brilla por sí sola. Puede estar en un cuarto a oscuras y le basta con abrir los ojos para iluminar tres continentes. Sin duda será una candidata al Oscar.

El otro candidato será sin suda Chazelle. La La Land se oferta como una película entretenida y, conforme pasa el tiempo, no hace más que mejorar y mejorar. Al punto en que la gente baila y flota en un cielo lleno de estrellas y uno siente lo mismo que en películas como Singing in the rain, Cabaret o la colosal Saturday Night Fever. 

De repente La La Land se convierte en algo tan grande que podría ser visto cada año como ritual cinéfilo. Y es que entre canciones y escenas dinámicas, la película muestra una relación bastante aterrizada que se siente totalmente honesta. Al punto en que la desesperación, el fracaso y el amor se hacen bastante fuertes como para no empezar a sentir algo. Añada a todo esto una banda sonora dichosa y magistral y La La Land está llamada a ser un clásico instantáneo. A la altura de The Artist, Pulp Fiction o Spotlight. 

Foto: Universal Pictures

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La última media hora es un desgarre total a la felicidad y la comedia que el filme sembró desde el principio. El desamor, el quiebre de las promesas más valiosas de la vida, el éxito titánico y la traición arrasan con todo el filme con la misma furia de los ñus que asesinaron a Mufasa.

Una película que sacará las sonrisas más sinceras del público y también generará un recelo total a Emma Stone, similar al que siente la gente cuando ve una imagen de Zooey Deschanel por su cruel protagónico en 500 Days of Summer. 

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