Pablo Querea es un joven artista visual michoacano que he seguido muy de cerca desde que conocí su trabajo. Sus rostros deformados a grande escala, rostros demasiado expresivos y decadentes, me llamaron mucho la atención cuando los descubrí por ese grado de impacto que tienen a primera vista. En una charla que tuve con él, me comentó que su gusto por el arte en general es “bastante tardío”, ya que de niño él dibujaba mucho, y así lo hizo hasta los 12 años. Nunca asistió a una clase infantil de dibujo. Pero fue hasta que cumplió los 19 años cuando decidió entrar a un curso en la Casa de la Cultura de Morelia y posteriormente a la Escuela Popular de Bellas Artes (UMSNH), para transitar por el sendero de la creación totalmente convencido de que era esto a lo que se quería dedicar.

Me comenta que se dio cuenta de ello en el primer momento que volvió a tomar un lápiz para dibujar “y saber que no se me había olvidado”. Dice recordar que salió esa ocasión de la clase y “todo era más claro”, pues tuvo la sensación de estar observando “realmente” el mundo que le rodeaba. Con el paso de los días y meses de dibujo y observación, se dio cuenta también que en su entorno se encontraban cosas que no había notado antes. Lo curioso de todo esto es que precisamente “antes” de emprender su camino por las artes plásticas, Pablo estudió Historia porque tenía y tiene un fuerte interés por “cómo han pensado los hombres a través del tiempo”, le interesa la historia de las mentalidades y también los temas de identidad: “Creo que al final esto tiene una relación directa con la cultura. En ese momento de mi vida disfrutaba mucho visitar museos y seguramente fui a todos los que pude en Morelia y algunos en el DF. Aún sigo disfrutando visitar buenas exposiciones y lo hago constantemente.

Sus primeros proyectos, me comenta, se relacionaban directamente con la gráfica. El primero que realizó se llamó Sicario morir matando, luego le siguieron Enfermedades de la pobreza y Conversaciones, todas ellas de corte completamente político. Las que le siguieron, dice, son de carácter introspectivo, aún en el tema de la violencia, pero más orillado a “una violencia sensorial, una violencia no tangible, en sí una violencia que absorbía, contenía y después descargaba en los dibujos”. Esta última serie se llamó Automatismos, me comenta que eran 140 dibujos de 15×15 y 10 de 50×50, además de un mural de 300×250 cm. acompañados con una instalación sonora realizada por Tonalli R. Nakamura, que recolectaba las voces y sonidos de la galería, era procesada y reproducida –esto ya en la ciudad de México-. Estas series fueron realizadas del 2009 al 2013 y cerraron “un ciclo en mi vida como artista”.

Todos estos trabajos y exposiciones le han llevado a Pablo a mostrar también su trabajo en distintas publicaciones, como él lo apunta, su trabajo se puede encontrar tanto en catálogos de bienales –uno en México y otro en España-, hasta revistas impresas como Picnic, La Peste, El Fanzine; y digitales como 40fakes, Revista Síncope, Pórtense Serios, Clarimonda. También ha colaborado en proyectos como Cráneo Press, del que es fundador y “aún está detenido”, en Arca MX (agencia de artes visuales), en exposiciones y dando experiencias educativas, “las más destacadas para mi sería Puro Machín de Ilustracional y  DEAD DANCE ZONE  de la coreógrafa Yolanda Gutiérrez para el Kampnagel Internationales Zentrum für schönere Künste, en Hamburgo Alemania”.

—En tu trabajo destacan los rostros y las deformidades de los mismos, me parece que es parte de mostrar esa malversación de la sociedad…

El dibujo es un lenguaje semiótico y como tal uno describe ideas a partir de ese lenguaje, mi estudio es la violencia, la violencia del cuerpo; sobre el cuerpo y en el cuerpo. Yo reescribo lo que veo y me concentro en la violencia.

—¿De dónde provienen los elementos que caracterizan tu obra o que aspectos de la vida cotidiana te cimbran para crear?

Mi nueva serie se llama Supermasoquista y en ella escribo lo siguiente:

Somos turistas en nuestra propia vida.

Yo no soy un observador pasivo, sino un participante reflexivo.

Veo el lado animal* de la naturaleza humana.

A menudo olvidamos que somos reales.

Y disfrutamos la tortura de ser violentados.

Amamos el dolor ajeno.

Y también somos Supermasoquistas.

*salvaje

Cada serie que he trabajado se refiere a una preocupación y contexto específico, en sí la ciudad o estado donde vivo, para poder trabajar siempre me empapo de mi contexto inmediato: lo que veo y siento de mi sociedad. Por ejemplo, cuando viví en el DF los dibujos resultantes de esa experiencia estaban contenidos de una violencia pasiva, una violencia contenida en la psique, el anonimato y la falta de libertad, el esclavismo capitalista defeño y “El tiempo perdido”, título de la serie.

Pablo Querea 2

—¿Cuáles son tus influencias, qué artistas te han marcado a través del tiempo?

En orden cronológico: Caravaggio, Rembrandt, Goya, A. Rodin, Francis Bacon, Jean-Michel Basquiat, Javier Marín y Rene Almanza, estos últimos dos mexicanos.

—Hablando de la escuela y las artes, ¿la academia sirve realmente para desarrollar un talento o simplemente forma y amolda estilos acordes a los tutores en las aulas?

Tuve la fortuna de tener como maestro a Cristóbal Tavera, bastante generoso con lo que sabe, nunca nos limitó el conocimiento, nos enseñaba muchas formas de producir pero sin intentar siquiera que alguno de nosotros se viera influido en su trabajo, de hecho pasó mucho tiempo antes de mostrarnos algo suyo, esa fue mi experiencia en la academia.

—Te mudaste al DF para continuar desarrollando tu trabajo, después de un tiempo en la gran ciudad, ¿qué elementos o diferencias has encontrado de acuerdo a las formas de trabajar y crear a lo que viviste y conoces en Michoacán?

Primero mi relación con el entorno y mi obra cambiaron solo por el hecho de estar ahí, la ciudad de México es un monstruo visualmente hablando, sales y siempre ves muchas cosas maravillosas. Como productor visual te atragantas. Al menos a mí me paso, me costó mucho trabajo concentrarme para empezar a producir algo concreto, fueron meses de cambios bruscos en mi obra hasta que por fin pude hacer algo. Por ser una megalópolis hay muchas formas de trabajar, ya que hay muchos núcleos de producción. Yo trabajé en el norte con un centro de arte de la delegación G. A. Madero, la cosa era familiar, y al centro en la Roma estaba en el Centro Cultural Border con Eugenio Echeverría y Dulce Chacón, muy importantes para mi formación, de ellos aprendí muchísimo, de diferentes formas, y al sur estuve en Tlalpan en el T.I.R. con Humberto Valdez, gran artista del que también aprendí mucho, y más por el ambiente de trabajo que él generó, una plataforma horizontal de educación y producción, Taller comunitario, allí conocí mucha gente de los cuales atesoro aprendizajes valiosísimos.

La diferencia con Michoacán es la diversidad, si no te gusta un gremio te mueves a otro, aunque todos pertenezcan al gremio de productores visuales todos tienen su forma particular de relacionarse.

—¿Existe esa “gran diferencia” entre lo que se hace en capital y lo que se crea en la provincia?

Es simple, hay muchos más productores de diferentes partes del país y capitalinos cada uno con ideas propias de sus entornos naturales que terminan enriqueciendo el todo, yo lo describiría como la capital visual de las muchas provincias y creo en todo es igual, la ciudad de México se enriquece por todos los que hemos migrado ahí de algún rincón del país.

—¿Hay talento suficiente entre los jóvenes artistas morelianos para destacar nacionalmente? ¿A quién resaltarías?

Seguro que hay talento, sin embargo que destaquen fuera del estado dependerá de ellos mismos, yo no podría predecir quién sí va destacar nacionalmente, lo que sí puedo ver es talento, muchos que ya suenan y otros que no, seguramente estoy mal informado y puede que haya nuevos jóvenes que ya no conozco y que están produciendo cosas buenas. Sin embargo, de lo que sé y conozco destacaría a Chez (Otilio García) y el colectivo Nurite Gráfico, Christian Soto, y de los que no suenan, aún estudiantes, están Ernesto Giacopello, Leonardo Rivas y Ángela Arita.

—¿Qué proyectos tienes en puerta?

Ahora trabajo en mi nuevo proyecto “Supermasoquista”, son formatos más grandes, de 130 x 130 cm. Es un proyecto de dibujo que busca acuñar y cuestionar nuestro papel de “super-masoquistas”; ¿somos una sociedad que disfruta del maltrato físico y psicológico? El conflicto bélico nacional (México) nos ha atravesado, nos ha roto, pero nos hemos acostumbrado, y hasta lo hemos llegado a disfrutar (palabras comunes en una sociedad acostumbrada a que le sean violados sus derechos individuales).

Pienso presentarlo como instalación, es dibujo y arte sonoro de Tonalli R. Nakamura, aún no estoy seguro en dónde, me invitaron a presentarlo en Barcelona, pero no se ha concretado.


Fotografías: Proporcionadas por Pablo Querea.

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