La figura de Don Vergas no es nada nuevo en México. El país ha tenido miles de ellos durante toda su historia y lo seguirá teniendo, por supuesto. Para prueba, la historia misma. Cuando a Cortés le dijeron que había un pueblo guerrero y difícil como el purépecha, mandó a un conciliador para empezar a tener un diálogo e impedir una guerra. Cuando el conciliador llegó, Don Verga, líder del poderío purépecha, decidió matarlo de inmediato, dejando a Cortés con la frase saliendo de su boca. Siglos después, Don Vergas mataría a Madero porque le estorbaba, quemaría pueblos porque le interesaba ampliar una carretera y se acostaría en los asientos de un camión lleno porque está cansado.

Como decía, Don Vergas no es nada nuevo. Todos conocemos a una persona que no piensa ni un poco en el prójimo. sus huevos van delante de cualquier opinión ajena. Don Vergas siente, cree y sabe, que lo que hace está bien. No hay espacio alguno para pensar en lo que los demás sientan u opinen. Un hombre que considera demasiado al prójimo deja de ser libre para permitir que otros se liberen.

Cerrar una calle con un brincolín, ampliar la casa hasta cubrir la banqueta, estacionar el auto en tres zonas para discapacitados, abusar del espacio público y menospreciar el bien común, son prácticas que han llevado a Don Vergas hasta donde quiere. Pero no es toda su culpa, Don Vergas existe porque sus vecinos lo permiten. Tiene poder sobre ellos y se sabe superior ante el silencio de la gente que se siente incómoda. Don Verga un día, Don Verga por siempre.

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Si lo intentamos explicar a un extranjero, Don Vergas es toda persona que hace, muy a la mexicana, lo que sus huevos digan: lo que quiere, pues. Tiene la moral de un ganster, la avaricia de un duende y el cinismo de un político moderno. No pierde su tiempo en analizar sus deseos y mucha de su personalidad se debate entre lo grosero y lo valientemente exagerado.

Hay uno en cada colonia y me atrevo a decir que hay uno en cada familia.

¿Qué creó a Don Vergas y porqué en México encontró un domicilio fijo? Sencillo, para que exista un Don Vergas tienen que existir vecinos y personas inconformes junto a él. Siempre. Esto es ley, porque sin los afectados Don Vergas carecería de significado. Seguiría haciendo lo que quiere, claro, pero nadie lo calificaría. La sumisión y el no incomodar ajeno es lo que le ha dado poder a esta figura mexicana de descontrol social. Entre vecinos temerosos, policías ineptos y gente que deja pasar los problemas que se le van atravesando, Don Vergas adquiere poder y lo ejerce en cada momento.

Cualquiera puede ser un Don Vergas. Lo único que se necesita es menospreciar al mundo por un momento y no arrepentirse de haberlo hecho. En México, esto se permite sin mucha dificultad. Incluso resulta cómico debido a lo exagerado de su comportamiento. La gente se ríe, al final, de todo lo malo que le pasa. Entre ese humor autoflagelante, Don Vergas brilla y hasta es reconocido. Le llueven los aplausos de un público mexicano acostumbrado a la presión y los abusos.

¿Cómo acabar con Don Vergas? A la primera, es imposible. A la segunda, es innecesario. Esta figura de autoridad habla más por la personalidad del mexicano que cualquier estudio social. Si Don Vergas desapareciera, desaparecería también una gran parte del comportamiento de cada mexicano.

Tercos por civilizarse, los ciudadanos de este siglo olvidan sus orígenes. Alguien dijo en el pasado:

-aquí veo un nopal y un águila comiendo, aquí fundamos la gran ciudad.

-oiga, Don Vergas, pero esto es un pinche lago, no se puede fincar pueblo aquí.

-a la verga, aquí se funda. Ya me cansé de caminar.

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