La luchona no tiene miedo. La luchona puede salir de fiesta, seguirla y llegar a amamantar sin problema. La luchona consigue, con el poder divino y la ayuda de su madre, salir adelante sin pedirle un solo peso a los hombres que le invirtieron semilla en el vientre. La luchona presume porque lo merece. Es un ejemplo y lo sabe. Ante la aparente desgracia, la luchona brilla y se impone como el símbolo más grande poder femenino y maternal.

No hay luchona sin hijos. Esto, quizá sea lo único cierto del primer párrafo. El estereotipo la tiene sometida. Entre simples madres solteras a luchonas que accidentalmente cayeron en el abismo no hay una linea clara que las divida.

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Pensemos a la luchona como la mujer que salió embarazada y que vio como el padre de su hijo los abandona. Con el vientre ocupado y la responsabilidad cercana, estas mujeres deben salir a trabajar para mantener a un niño no planeado. Esto es cierto, en México los hombres que no se hacen cargo de sus hijos han creado a las luchonas y, desde su irresponsabilidad, se ríen de los memes sobre ellas.

Fernando tiene 29 años. Dos hijas. Vive con su madre. La madre de sus hijas vive con otro hombre. Sus hijas viven con los abuelos maternos. Las ve cada quince días a pesar de estar a menos de un kilómetro de ellas. Las niñas le dicen mamá a la abuela y papá a un tío adolescente. Sueñan muy poco con su padre. Cuando va a verlas se enfada de sus preguntas y las lleva al cine para que no hablen. Si lo cuestionas por su situación como padre de familia se ríe y dice que todo es culpa de Evelyn, la madre de las niñas, por haberse ido con otro. Si ella no las quiere, yo tampoco, aclara.

Vayámonos a las cifras: en México hay 5.3 millones de madres solteras. Algunas están divorciadas, otras separadas y otras más eligieron desde un principio la soltería. Entre este panorama, la sociedad mexicana las juzga de inmediato. No se les permite hacer otra cosa que no sea ser madres. No pueden salir de fiesta sin recibir burlas. Tampoco pueden sentirse orgullosas de trabajar para salir de vacaciones con sus hijos por que el estereotipo las lesiona.

Berenice tiene dos hijos. Trabaja en el gobierno local y recibe unos 12 mil pesos mensuales. Sus hijos viajan con ella a la playa dos veces al año. El padre del primer niño aún le pasa pensión: no alcanza. El padre del segundo niño a veces se aparece: cogen, se gritan, vuelven a coger y se vuelven a gritar hasta que él se va por meses. No les pasa pensión. Berenice no se queja de nada. De diez frases que te suelta, ocho son referentes a sus hijos. Cuando le preguntas si se considera luchona se ríe y dice que su iglesia apoya a la mujer y que jamás la ofende. Para ella su mundo gira en torno a la iglesia.

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Visto desde el lado del bromista, la luchona no puede tener suerte ni triunfo. Visto desde el lado materno la cosa cambia. Ejemplos de madres solteras que solventan la vida de sus hijos hay bastantes. Pero vaya, esto es México, aquí se generaliza para no pensar demasiado. No se podría hacer un meme de una madre soltera exitosa.

Diana tiene un hijo de 14 años. El padre del niño murió de sobredosis cuando ella estaba embarazada. La promesa de una vida juntos se cercenó y ve en su hijo la personalidad encantadora de su padre. Trabaja en distintos lugares y considera a su madre como la columna total de su estabilidad. Vive entre fiestas, viajes, conciertos, drogas, ropa y gustos. Su hijo no pasa hambre ni frío. A pesar de un pequeño problema en sus huesos, el niño de Diana sonríe entrando a su adolescencia.

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Lo que sí ha hecho a la luchona una figura cómica es ciertas madres que intentan vivir una maternidad libre de compromisos. Es aquí en donde las madres hacen muchísimo daño al hacerse cargo de los hijos no planeados para dejar que su hija viva “su juventud”. Con estos apoyos (que dañan bastante) las adolescentes siguen embarazándose y dejando de lado el papel materno, ya que alguien más se hará cargo del hijo que viene o la sopa que necesite. Es aquí en donde la crítica a la luchona adquiere total sentido.

La falta de educación sexual, la insistencia de los padres por querer nietos, la sumisión ante el hombre, el falso anhelo de formar una familia a como de lugar, las ganas de ya no vivir en casa, todo esto es el motor para dar paso al embarazo apresurado, la destrucción de la nueva familia y la ausencia de cariño por falta de los hijos.

¿Hombres? para qué, no los necesito. Angélica trabaja como mesera en el club Nachas. Por 50 pesos se sienta en las piernas de la persona que los pague y les saca plática hasta que se vislumbre un privado o se termine la cerveza. Tiene dos hijos y los quiere un montón. No se capta ninguna señal de pena o arrepentimiento por lo que hace. También desfilo en el medio tiempo en el estadio de futbol, dice. Saca aproximadamente 600 pesos diarios (18 mil pesos mensuales). Sus dos hijos están en colegios privados y reciben atención médica, también privada. Hace poco operaron a su hijo más pequeño. En el Seguro Social te dan condones si llegas a decir que tu hijo tiene fiebre, recalca mientras se ajusta la falda porque le toca ir a bailar. Ahorita venga, está buena la plática, me dice.

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Aún en los años ochenta los padres de familia le tenían miedo a que su hija fuera una solterona. Las madres iban a la catedral a rezar para que dios le mandara un hombre a su hija. El que fuera. La mentalidad de los padres mexicanos dañó severamente a las actuales madres solteras. Sin embargo, no existe chiste alguno sobre el luchón, ni el padre soltero. Al contrario, se consideran grandes ejemplares de la sociedad mexicana.

¿Faltará mucho para que la mujer pueda vivir sola con sus hijos sin ser menospreciada? Claro que sí.

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