Los hermanos Ricardo y Ramón de Baños fundaron en 1914 la productora Royal Films en la ciudad de Barcelona, quienes rodaron varias de las películas más importantes del cine silente ibérico, como Cristóbal Colón y el descubrimiento de América (1916) y Don Juan Tenorio (1922), que eran superproducciones en las que incluso llegaron a contar con la colaboración, como es el caso de la primera, de importantes casas productoras extrajeras como la francesa Films Cinématographiques.

Las primeras cintas licenciosas de los hermanos de Baños, a decir de Juan Felipe Leal, fueron por encargo del mismísimo rey Alfonso VIII, sirviéndose del conde de Romanones como contacto. Fueron rollizas prostitutas las principales figurantes de las obscenas tomas, quienes acompañadas de “hombres de mal vivir” dieron vida a variopintos personajes que llenaron la pantalla de sujetos y prácticas transgresoras.

Dos aspectos sobresalientes de la filmografía XXX, referida de esta manera por la usanza de hoy en día, de los hermanos de Baños son, en primer lugar, la abundancia en engaños de pareja y la representación de miembros del clero, posiblemente como muestra de resistencia y/o crítica frente a las fuertes creencias católicas de la España de los años veinte. En segundo lugar, los decorados utilizados en las películas fueron meticulosamente cuidados con la finalidad de reproducir los ambientes de la forma más realista posible, algo que no se había visto antes en el cine porno, lo que habla de un trabajo cinematográfico serio y profesional.

Como mucho del material cinematográfico XXX realizado a lo largo de la historia, las cintas de los hermanos de Baños estuvieron en total ocultamiento durante años en las bóvedas de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana. El productor José Luis Rado y el crítico Sigfrid Monleón descubrieron y restauraron tres cintas –El confesor, El ministro y Consultorio de señoras– rodadas en formato 35 mm (profesional) entre los años de 1920 y 1926, para ser exhibidas en sesiones privadas para la corte de Alfonso VIII.

En El confesor se cuenta la historia de un particular y grotesco sacerdote que absuelve los pecados de una robusta feligrés a través de penitencias sexuales. El ministro narra la trama de una mujer, cuyo esposo ha sido despedido, que visita a un burócrata con la súplica de que le regrese a su cónyuge el empleo que les da sustento; éste aprovecha la situación para verse favorecido sexualmente por la vulnerabilidad de la mujer. Por último, en Consultorio de señoras se relata la visita al ginecólogo de una mujer y su hija, en donde el médico prefiere dejar de lado la rutinaria revisión para formar un trío sexual con ambas mujeres; más tarde se les unirán la esposa, la criada y el mayordomo, para concluir en una celebración orgiástica con excitantes escenas de lesbianismo.

 España, como podemos ver, nunca ha dejado de innovar y ser un faro de luz para el porno internacional.

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