Empecemos por aclarar que este es el proyecto más egoísta de la historia. Pretendo sacar discos de Neon Overdrive en el 2025. Amo las ganancias de 70 centavos de dólar al mes en Spotify. Los pequeños éxitos lo son todo para mí. No estoy comprometido a nada y eso me amplia el terreno para hacer lo que yo quiera. Si existe alguna fórmula para afianzarse al éxito moderno, no me interesa. Tengo la paciencia de una bomba y la elegancia de un irlandés de barrio. Disfruto de los lugares extraños y de la madurez del sonido. Nada de lo que hago fue pensado para deleite ajeno. Toco muy poco en vivo porque me exijo mucho. Soy mi propio calvario. Me preguntan que qué futuro le veo a Neon Overdrive, entiendan, Neon ya es del futuro. Pertenece más a ese lugar que a cualquier otro. Mi experiencia me dice que el azar y la desgracia hacen mejores sonidos.

“Para mí la música es un asunto violento y estratégico, similar al sexo o a la guerra”.

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No tolero la comodidad. Hace dos años cree mi primer track, de esa fecha a ahora sueno más en Australia que en México. Tuve otros proyectos y concluí que lo mejor era hacer mi música según mis normas. Entre el post punk y algunos soundtrack de los ochentas, encontré mi sonido. Como todo creador, dependo del estado de ánimo. Me sale un disco alegre y eso no asegura que lo siguiente suene similar. Aprendí a mixear y a entrarle a los sintetizadores en soledad. Considero muy importante el trabajar de noche, como las grandes mafias japonesas. Firmé con la disquera Future City Records. Me siento en la gloria. Aunque suene pedante, no me interesa en absoluto crear música para agradarle a fans, colectivos, empresas o disqueras. Encontré ese gusto por el auto respeto. Cualquiera lo dice en una entrevista pero pocos lo mantienen en su sonido. No pretendo formar parte de ninguna escena fracturada o comprometida. Para mí la música es un asunto violento y estratégico, similar al sexo o a la guerra. Tratarla de un modo distinto es faltarle al respeto. Encontré la manera de fusionar mis gustos con mi música. Soy tan fan de las Tortugas Ninja como de Mad Max o Nintendo. Considero a la infancia una etapa superior del ser humano. Pretender madurar para encajar en ciertos sitios me resulta desagradable.

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Estoy por sacar otro disco. Al igual que George R. R. Martin, no tengo ninguna prisa. Soy fan de la comida rápida pero no de la música hecha así, al instante. Hay algo de aritmética y esotería en la creación musical y pretendo siempre respetar eso. Me gustaría mucho hacer un buen soundtrack de algo increíble. Duermo y despierto con la idea de que esto se va a morir conmigo y que la edad no delimita los alcances del talento. Estoy cómodo con el apoyo que he tenido por parte de la disquera. Una palabra, diversión: esa es mi apuesta. No veo a esto de otra forma. La música como empresa no es mi fuerte. En lugar de ir a estúpidas sesiones de fotos o a presentarme en el mismo sitio cada sábado, pretendo trabajar en mi sonido. Es todo lo que tengo. No lo pienso abaratar ni comprometer.

“Me gustaría en un futuro saber que mi música hizo llorar a El Chapo en su nueva celda”.

Qué espero de mi música: mucho. Aspiro a que Neon Overdrive le llegue a gente distinta en todo el mundo. Me gustaría en un futuro saber que mi música hizo llorar a El Chapo en su nueva celda. Que lo haga extrañar las mágicas carreteras del norte, cuando aún podía ir por ahí, pisándole a su Ferrari y vistiendo esos trajes deportivos completamente blancos. A qué más debería aspirar un músico en este país si no es a conmover la mente de los villanos más poderosos.

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