Dice el escritor michoacano Víctor Solorio Reyes que más allá de los clásicos que se recetan en la secundaria y en la prepa, su entrada a la lectura llegó de la mano de la ciencia ficción y que todavía hoy ello es su obsesión, además de que la escritura propia viene de “un gusto por crear”. Un gusto muy bien afilado que lo llevó a obtener en el 2014 el VIII Premio de Novela Negra “Una Vuelta de Tuerca”, convocado por Conaculta, el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y el sello editorial Joaquín Mortiz, con su novela Artillería nocaut. Un hecho totalmente inédito y destacable puesto que nunca se había dado una distinción de este tamaño, en un género no tan explorado, a un escritor michoacano.

—Cuando todo parecía estar en calma y tranquilidad dentro del panorama literario de Michoacán, de repente irrumpe la noticia de que fuiste acreedor al Premio Nacional de Novela Negra, algo que no había sucedido antes con éste género, ¿qué pasó por tu cabeza en ese momento?

La primera impresión es de alegría, por supuesto. Desde ese día hasta hoy la travesía ha sido un viaje que solo podría describir como surreal. Una noche antes de que me avisaran del premio, me fui a dormir como diseñador gráfico. A la mañana siguiente, desperté siendo escritor cuando me avisaron de la noticia del galardón por teléfono. Me sorprendió mucho la reacción positiva de la gente acá en Michoacán, pero también a nivel nacional. Ahora que la novela ya salió en físico, la experiencia se ha desdoblado y no parece detenerse. La verdad sigo sin entender muy bien la dimensión del asunto, pero lo estoy disfrutando a cada paso.

—¿Cómo fue el proceso de esa novela, cuánto tiempo te tardaste, desde un principio la concebiste como terminó?

Escribirla me llevó poco menos de un año de trabajo interrumpido, aunque la concepción de toda la obra —la trama en sí— me llevó como tres años. Creo que el proceso más difícil fue animarse a escribirla. En la escritura fui aprendiendo al mismo tiempo que escribía y los defectos de la obra provienen de esa simultaneidad. Si bien los últimos dos meses fueron de una escritura frenética (para alcanzar el cierre de la convocatoria en el concurso), varias veces estuve a punto de desistir de terminar la novela. Gracias al apoyo y regaños de Alfredo Carrera, terminé el libro, más como una deuda de honor a mí mismo que a la obra. El final, en efecto, estaba decidido al menos en espíritu desde que comencé a escribirla. Ese era el principal motivador para terminar la novela: cerrarla con una tragedia.

—El boxeo, Morelia, el narcotráfico, la corrupción, son temas elementales en tu novela, ¿a partir de qué aspectos fuiste aglomerando estos elementos para generar esta historia?

El narcotráfico y la corrupción vienen directamente de las convenciones de género. La novela negra tiene, como tradición narrativa, la tendencia a usar el crimen y su influencia corruptora de la sociedad como leitmotifs. Al trasladarlos a un contexto mexicano, el crimen se convirtió en narcotráfico y la corrupción se representó en un gobierno avaricioso. Nada nuevo bajo el sol.

El boxeo viene de un gusto personal, no solo del deporte en sí, sino de las motivaciones que tiene un hombre por agarrarse a madrazos sobre una lona. Hay algo atávico en el acto, algo profundamente misterioso en esa violencia ritualizada, que me atrae mucho.

Por otro lado, la novela no se podría haber desarrollado en otro lado más que en Morelia. Después de ese par de años desastrosos que padecimos en materia de seguridad, Morelia es trasfondo perfecto para hablar de la violencia. Cosa curiosa: el jurado consideró que la historia se desarrollaba en una ciudad anónima del bajío. Me parece que eso habla de que ésta violencia, aunque ficticia, es creíble en cualquier parte de la república. Un signo de los tiempos…

—En Michoacán hay una tradición de poetas, de cuentistas, pero no tanto de novelistas, de ahí la importancia de tu premio, ¿a qué se debe todo ello?

No tengo la menor idea. Puedo avanzar una teoría que con toda seguridad está mal: El cuento y la poesía han gozado de un éxito saludable desde hace más de un siglo en Michoacán. No así la novela que solo cuenta con Pito Pérez. Dado que las tendencias exitosas suelen reproducirse, Michoacán es cuna de poesía y cuento, pero no tanto de novela. Como dije, casi con toda seguridad estoy mal en esta hipótesis. Y el tiempo me va demostrar qué tanto, porque hay una avanzada de novelistas jóvenes en Michoacán a punto de despuntar. Yo estoy muy lejos de ser iniciador de nada en este contexto.

—¿Cómo te ha tratado la crítica con esta novela, el público?

Sorpresivamente bien. Cuando salió en físico creí que la iban a hacer pedazos. Sin embargo ha tenido críticas elogiosas y un par de lectores me han dicho que la han disfrutado. Como autor no puedo pedir más.

—Ahora que estas de lleno con esto de la promoción y presentación del libro, que ya anda dando vueltas por todo el país, ¿qué ha cambiado en tu perspectiva literaria y cómo ves el panorama que hay en Michoacán?

Me parece que mi visión de la literatura estará sesgada siempre por la novedad. No tengo puntos de referencia anteriores a estos, los que se dan por el premio. Como bien dices, yo no era asiduo a este mundillo. El único valor que tiene mi opinión es que está fresca y todavía no está viciada por un cinismo leve que veo repetido en muchos gremios. En la literatura en general veo un panorama desconsolador y esperanzador a la vez. Desconsolador porque hay actitudes —ahora entiendo que son generacionales— que están como fosilizadas, incluso, en los más jóvenes. La bohemia, el mito del escritor maldito, las temáticas sobadas y la aversión a innovar son algunos ejemplos. Por otro lado, veo esperanza porque al mismo tiempo hay una experimentación ardua. Hay un resurgimiento del humor, hay una búsqueda por los sub géneros y por sacar a la literatura de la vitrina de la erudición.

Con respecto al panorama en Michoacán me parece que hay una vitalidad que antes no había. En todos lados hay jóvenes queriendo hacer cosas, despegar con proyectos literarios y de difusión. La SEMICH es el ejemplo más claro, por la cercanía que tengo con esta sociedad. Pero además de ellos hay muchos otros esfuerzos de creación que ojalá lleguen a buen término y no sean llamarada de petate.

—Las políticas culturales que se implementan en el estado no siempre son las más efectivas, puesto que los libros que se generan a partir de la institución a menudo terminan en bodegas, cuando deberían estar en los estantes de las librerías, ¿qué consideras que hace falta en ese sentido?

En un mundo ideal: una visión de lectura. Es curioso cómo en algunos programas gubernamentales de otros países, la natalidad se puede aumentar por medio de planes sociales y políticos, pero en México no podemos aumentar la lectura. Así que se requeriría de poner a la lectura como prioridad. Por lo visto es muy difícil porque no hay voluntad. A falta de ello, habría que conseguirse a un escritor ducho en cuestiones de gobierno a dirigir las políticas culturales, no a un burócrata.

—Finalmente me parece muy curioso que antes del premio no figurabas en los escenarios culturosos morelianos, ¿en dónde estabas antes, te habías mantenido siempre al margen de ello?

Sí, participaba de la cultura como espectador. Mi profesión era la de diseñador gráfico —aún hoy lo es— y en efecto no me involucraba tanto en el mundillo culturoso. La escena es tan pequeña y los egos tan grandes que no me era atractivo. (Y vaya que es pequeña: te diste cuenta de que no andaba en ella). Hoy estoy más involucrado en un esfuerzo de fomento a la lectura y a la escritura desde la SEMICH. Justamente la intención es hacer crecer tanto la producción como la calidad de las obras en el estado. A ver si se logra algo en ese rubro.

—¿Qué proyectos vienen en puerta, tienes algún otro libro ya listo para ser publicado?

Para ser publicado, todavía ninguno. Hay varios en distintos estados de concreción, pero ninguno cercano al punto de ser publicado. La promoción de la novela —y la vida diaria— me han mantenido alejado de poder sentarme a escribir como yo quisiera. Espero que para finales de año haya algo más en forma.

*Víctor Solorio Reyes es diseñador gráfico, escritor y miembro activo de la Sociedad de Escritores Michoacanos (SEMICH). Fue colaborador esporádico de la extinta revista Moho. Sus cuentos se han incluido en varias antologías de terror, ciencia ficción y fantasía. El título de cuentos “Lex Arcana” le mereció en 2014 el premio “Xavier Vargas Pardo” en el marco de los Premios Michoacán de Literatura.


Fotografías: cortesía del entrevistado

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