Héctor Galván ofreció una de la primeras y mejores degustaciones del Festival de Vino y Gastronomía Morelia en Boca 2014. Los problemas de audio, de humedad y calor en el salón jugaron en contras, pero aún así el productor -que admite no considerarse un chocolatero- logró cautivar a los asistentes en más de un momento. Los efectos de sus chocolates son perfectamente explicados a través de las palabras de Héctor, que puede compararlos con chamanes, flores o veneno de arañas.

Después de la degustación, Héctor Galván montó un puesto improvisado para vender sus productos en la Villa Gourmet y regaló una buena cantidad de muestras a quienes llegaban ahí o se cruzaban en su camino. Pero antes charló con nosotros…


Satélite. ¿Puedes platicarnos un poco sobre el proyecto de diseño del que sale Chocolate Tropical?

Héctor Galván. Era un despacho de diseño del cual, a partir del cual, hace seis años, surgió un proyecto. Bueno, justamente cuando pasó lo de la gripe en México decidimos hacer un proyecto interno para no depender únicamente del diseño y fue bastante complejo porque no teníamos conocimiento del chocolate y, es más, no íbamos a trabajar con Chocolate de la Casa Tropical como una propuesta de creación y naturaleza propia de los orígenes de nuestra precultura y más que un folcklore.

Cuando empezamos a hacer eso, queríamos empezar a trabajar con la “Vainilla Planifolia Amdur” (…) Pero era un poco riesgoso empezar con un producto que es invisible. La vainilla… además del perfume, su aroma captura, y decidimos empezar con el cacao, con el chocolate.

Fue un momento de decisión  para el despacho. Empezamos a investigar sobre los cacaos criollos de México, sobre la naturaleza propia porque queríamos hacer puros nativos, puro chocolate mexicano.

S. ¿Por qué dices que no te consideras un chocolatero?

HG. Porque, no sé, eso se logra cuando verdaderamente viva de esto, eso se logra cuando haga un libro de mi tesis, eso se logra cuando salga una generación después de mí haciendo un proyecto inspirado en un pensamiento que lo motivó. No sé si sea pura pretensión pero, mucha gente está estudiando para chef, pero no entienden la palabra: es el jefe, yo vengo de ser jefe de un despacho de diseño, pero empecé un proyecto muy horizontal para trabajar con agricultores, para trabajar con gente en la cocina, bajo una visión mía, propia, riesgosa, con mucho de ignorancia, pero con mucha libertad como dije hace un momento ¿no?, entonces fue lo que más me ayudó sin duda.

Entonces yo no me considero un chocolatero porque el mundo en general de una manera libre no identifica mi trabajo. Eso va a ser el día que yo pueda, tranquilamente, caminar en la vida y ese chocolate sea puesto en la calle y en la vida de todos y la gente entienda lo que hemos hecho.

S. ¿Por qué el chocolate no es una golosina?

HG. El gobierno de políticas públicas, y el gobierno del país, han declarado en las nuevas leyes de impuestos que hay que agregarle el 8% al chocolate. Pero parecer ser que sólo es como por la palabra, es como decir: “Voy a estudiar para chef, ¿no?” La gente no entiende eso. ¡No! vas a estudiar para cocinar y después vas a aprender a dirigir a un equipo y a ser un jefe, pero no puedes ser chef si no tienes un negocio propio, entonces pasa lo mismo con el chocolate, deciden que el chocolate, solo como palabra, es una golosina y le dan el 8% de impuestos. Más bien es comida chatarra, entonces le dan un impuesto por comida chatarra cuando no están entendiendo en políticas públicas de salud que el chocolate no es comida chatarra.

Existen chocolates que son chatarra, pero hay chocolates que están hechos con buenos granos, con buenas recetas, con buena higiene, y que son alimentos de poder para nutrir el cuerpo.

Héctor galván Chocolate 4 Héctor Galván Chocolate 3

S. ¿Puedes platicarnos sobre el componente espiritual del chocolate?

HG. Bueno, sin duda de lo que no puede escapar el chocolate es de eso ¿no? Se va transformando en otra cosa.  La espiritualidad está en todo. Yo soy de una generación que fui joven en los años 80 y se criticó mucho que los años 80 eran un movimiento superfluo de materialismo y para mí ha sido uno de los últimos  movimientos de espiritualidad profunda ¿no?

Pero me encanta que el chocolate sigue siendo en su profundidad el mismo ser, sólo que lo vamos revistiendo como capas de cebolla de otras identidades y pensamientos, pero siempre en pequeñas expresiones.

Como lo dije: está ahí la espiritualidad. Cuando nos emociona y nos conmociona, cuando lo damos el día del amor, cuando una monja lo lleva a un convento la espiritualidad aparece, el chocolate es un alimento o es un “Theobroma”, es un alimento para ponerse en comunidad, para provocar un efecto espirituoso en nosotros como lo es una droga, es algo que corresponde al espíritu.

S. ¿Por qué la Rueda de La Fortuna en el empaque?

HG. Pues bueno, yo creo que se necesita hacer un paquete que cuestione al consumidor y hemos hecho un paquete porque no teníamos el dinero para hacerlo, con grandes amigos (…) nos decidimos a trabajar con la Rueda de la Fortuna como logotipo, con el eslogan de “Porque colonicé, belleza colonizada” y tienes un producto que transmite trabajo, que transmite una inspiración muy sencilla como naturaleza, es muy elegante pero a le vez muy callejero, es como una bolsa de pan, es algo muy sencillo, accesible, es como un CD, podemos reflexionar por su simpleza que rompe las reglas de los empaques de chocolate.

El proyecto es muy señalética como para tomarlo o para generar una guerra. Algo de voluntad es verlo de frente en lugar de costado, para obligar a que un aparador lo pongan así (de frente), para entrar en la lucha de marcas, lucha de espacios. No existimos, es por eso que el paquete genera una atracción por sí solo: confiable y elegante. Y cuando lo volteas es bonito entender que echamos por delante en letras no chiquitas si no grandes: La agricultura, los porcentajes, el conocimiento, el lugar, el pueblo de los agricultores y ponemos en el mapa eso.

Ahora tenemos un proyecto donde sale la gran cosecha y dice “Cosecha de Huracanes” en grande o “Cosecha de Sequía”.

Héctor Galván chocolate 2

S. ¿Cómo podemos comprar un chocolate de La Casa Tropical?

HG. En el caso de La Casa Tropical estamos en la Ciudad de México, y en Guadalajara en el restaurant Alcalde.

Algunos chefs del mundo hacen proyectos especiales con nosotros. Pero en lo general estamos ubicados en la colonia Roma, en Polanco, en el sur de la ciudad, en el restaurant Club 77 , en el Museo del Chocolate y estamos ahorita por aumentar la agricultura y poder tener un proyecto mucho más democrático para poder comunicar más nuestra creación con la naturaleza, con los ranchos, con las fincas.

S. Hay una propuesta de llevar el chocolate a Nueva York…

HG. Sí, tuvimos una propuesta para una empresa de 54 tiendas para desarrollar un chocolate. Es muy riesgoso, para eso nos falta trabajo de un año, capacitar mucha gente, hacer negocios de infraestructura grandes, intentar capturar esta especie de granos, que no se vayan mal pagadas afuera del país, y que se detengan en México con un valor agregado como es pagar un chocolate de $208 el grano, el kilo.

Comentarios

comentarios