Querida, puedes estar muy cómoda en tu cama. Puedes estar chateando con tus amigas o en Whatsapp con la persona que te gusta. Puedes también doblar tu ropa y terminar de cenar tu cereal antes de que se haga una pulpa y tengas que tirarlo. Puedes poner a The Smiths a volumen medio y quitarte el brasier para sentirte más cómoda en la pijama.

Puedes hacer todo esto como un acto inocente y rutinario, sin que te pase por la cabeza la idea de que hay, no uno, ni tres, varios hombres que ya estuvieron viéndote con la mirada más salvaje y sucia que te imagines. Que ya te pensaron en posiciones que tu cuerpo no puede por que te lastimarías algún nervio o la columna toda. Que te acaban de hacer cosas que no te gustaría que te hicieran. Hombres cansados. Hombres en cuartos oscuros. Hombres babeando. Hombres con acceso a ti, que disfrutan de ese acceso. Esos hombres que ya llevan tiempo absorbiendo toda tu imagen y han creado escenas con todo lo inmoral posible en cada una de ellas.
Hombres a los que les diste permiso de hacer esto. Estos hombres son tan comunes y cercanos que da miedo darse cuenta. Y que comentaron fotos tuyas y tuviste todavía la cínica manía de decirles que “gracias” por sus comentarios.

Dejo un poco el tono tétrico, esto no es una página de cuentos de adolescentes que quieren violar adolescentes. Lamentablemente todo esto es realidad. La gente sube fotos a una red social con la intención de mostrar algún momento, algún vestido o un rostro en sí, y no se imagina cómo se percibe esa misma imagen en otros lados. Vaya, una imagen dice más que mil palabras, pero también genera más de mil respuestas.

Una inocente foto de tu viaje a la playa puede desembocar en alguien jadeando y buscando rollo para limpiarse. Y tú en la escuela, pensando en ir a ver la nueva película de Wes Anderson. Y al final, la única interacción después del rollo de papel, será la de un like y un comentario torpe: Que bien te ves, amiga 😉
Y vas a responder que “muchas gracias :D” y seguirás en tu vida como si nada hubiera pasado. El verá más fotos y tú irás al cine con la conciencia en calma.
De verdad, aunque no te haya pasado a ti, algo pasó. Y seguirá pasando.

Pero esto no está escrito para que no subas fotos o para que elimines a personas de tu cuenta personal. No, jamás. Tampoco viene como introducción para empezar a hablar de temas más serios, como hasta qué ojos y cabezas llegarán las fotos que subes de tus hijos o tus sobrinos pequeños. Eso es decisión de cada quien. Esto esta escrito para develar la torpeza de los hombres que se dedican a esto. Por que creo que ya son una minoría social con los suficientes representantes como para empezar a hablar de ellos como un conjunto, así como se habla de los fans del veganismo o los adictos al Cruz Azul.

A estos hombres hay que empezar a llamarles de alguna forma. Considero que “mirones profundos” es un buen término.
Pero, ¿quiénes son estos hombres? Cualquiera: tu primo, tu hermano, tu tío, tu amigo del trabajo, tu amigo de la escuela, tu vecino el que lava su coche doce veces al día, el de la tienda, el de la panadería, el cajero del oxxo. Vaya, cualquier hombre puede serlo. Y puede serlo por que no es una mancha social serlo. Entre el comentario que emiten a lo público y los actos que suceden a lo privado, nunca se sabe bien a bien quién es el culpable.

Si le comento a mi amiga que se ve muy bien con ese corte de pelo, puedo estar diciendo la verdad u ocultando asuntos internos. Tampoco se trata de satanizar todos los comentarios. Pero si algo es cierto es que más del 60% de las personas que se dedican a chulear gente en fotos, tienen un discurso más profundo. Algo se plasma en el contenido de sus comentarios que es muy fácil diferenciar quién lo hace de manera inocente y quién está pensando en piel encima de piel. Basta poner atención a una red que requiere la mínima cantidad de atención posible.

Estos hombres se caracterizan por dar like a cada una de las fotos que se encuentren. Puedes llegar a tu casa y conectarte en lo que está la comida y tendrás 56 notificaciones de la misma persona a cada una de tus fotos. Suele pasar. No es tan improbable.
Además de que te llegará un inbox que diga “hola ;)”. Ese simple punto y coma representa demasiado. No es lo mismo que a usar dos puntos, ni es lo mismo que mandar cualquier otra cosa. La expresión facial de cerrar el ojo, implica que hay algo que se está ocultando en el mensaje inicial. Un intento de “todo lo que dije no importa, mi ojo cerrado delata algo que quiero decir y no puedo. Así que lo intentaré decir de esta forma”. Eso es tan básico como la fruta con limón. Adán le debió guiñar el ojo muy seguido a Eva hasta que entendió el mensaje y ¡PUM! Caín y Abel y la invención de los pañales.

Ahora entremos en la cabeza de este tipo de hombres. Su vida empieza como la de cualquier bestia: al abrir los ojos y sentir hambre. Y lo que sigue es ver la mayor cantidad de fotos posibles hasta que se le pase el hambre. Obvio, hay porno de por medio, pero la sensación de cercanía tiene sus privilegios. Y luego de eso viene el factor humano, y la necesidad de escribirle a todas las personas con las que su cabeza tuvo contacto, a ver cuál cae. A ver cuál se permite hacer algo o acercarse a él.
Luego la hora de ir a la escuela o el trabajo y hablar con los amigos sobre tal muchacha del face y “mira, deja te enseño las fotos de esta morrita, las descargué en mi cel”. Y las fotos pasan a ser mercancía y quién sabe cuántas fotos acabarán como fondos de pantalla o en otras redes sociales. Incluso algunos dirán que esa foto se las mandaron en privado y que es la nueva novia.
Total, fantasía hay mucha y realidad hay demasiada.

Conocí a un tipo pedísimo en un bar que me enseñó su celular. De ese tipo de hombres que dicen YO cada tres palabras y que hablan de marcas y equipos de futból como si fueran vendedores puerta en puerta. Me dijo que a todas esas chavas que estaban en las fotos que me enseñaba “ya se las había dado”. Que esta era buenísima haciendo esto, que esta otra se movía así, que esta otra gritaba muy alto y que esa de faldita es con la que andaba. Esa de faldita resultó ser una persona que yo conocía y que estaba casada, tenía una hija y ya ni siquiera vivía en Michoacán.

No era necesario que lo delatara. Para qué. Sabía que no conocía a ninguna mujer de ninguna foto. Que jamás se iba a atrever ni a hablarles de frente, y que si lo hacía, diría cosas bastante malas y torpes. También sabía que era de ese tipo de hombres pequeñitos que toma ventaja de cualquier cosa que tuviera cerca. Que no tardaba en irse del bar sin pagar y que su vida se regía por esa dinámica de hacer algo y sentirse avergonzado e irse, por que no sabían qué significaba hacer las cosas de una buena manera. Siempre con la cabeza viendo hacía abajo y con la sangre caliente y acelerada bombeándole por todo el cuerpo; como los alacranes, esperando a picar y hacer el mayor daño posible.

Supe que su vida iba a seguir así hasta que alguna de esas mujeres se tragara todo su discurso lleno de guiños y dobles significados. Y cuando por fin lograra casarse y tener algo fijo con una mujer, lo seguiría haciendo, hasta que se aburriera y decidiera intentar algo más perverso.

Y que la culpa bien podría ser tanto suya como de la persona que cayó y no entendió todo el plan detrás de los comentarios que parecían honestos.

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