La sexualidad en el cine, durante los años veinte y treinta del siglo pasado, estuvo a merced de las reglamentaciones de censura imperantes, aunque esto no impidió la exhibición de películas “inmorales”. La mayoría de éstas eran producciones extranjeras, como la alemana El combate de los sexos que mostraba, hace saber Aurelio de los Reyes citando un anuncio del diario Excélsior de 1921: “la terrible lucha entre el bien y el mal y la enorme resistencia del sexo débil contra el fuerte”. Las semi vírgenes fue otro caso de particular escándalo ya que invitaba a testificar “la lujuria, sensualidad, maldad, capricho, perversidad de una mujer que no cree en el amor”. La alarmante historia de El combate de los sexos inquietó tanto a la sociedad que dio margen a un artículo de Marco Aurelio Galindo titulado “El atractivo de lo inmoral”, publicado por El Universal Ilustrado, el 7 de abril de 1921:

 

“…a acres y desabridos comentarios entre las madres de familia y enérgicas desaprobaciones de los austeros jefes de sus hogares, que regañaban a  sus hijas de un modo furibundo, echando al olvido que aquella misma noche en que sus hijos se habían marchado a ver […] El combate de los sexos ellos no habían dormido en casa. Según parece, esta cinta; […] es terriblemente fuerte, inmoral y sucia. El público salió escandalizado de la crudeza […] las madres de familia, educadas en la santidad de la vida provinciana o simplemente, en la vida capitalina de fines del siglo XIX […] se retiraron a sus casas agitadísimas, maldiciendo del cine, del teatro y de los adelantes del siglo XX. Y sus hijas, que entran a la adolescencia y que, al parecer no entendían de estas cosas (no obstante que en realidad y desgraciadamente, saben ya demasiado) escuchaban con la cabeza baja y la mirada tímida, las acres y furibundas reprimendas de su madre que se paseaba agitada por la pieza… El púbico fue a ver esta película porque la comprendió inmoral […], cruda y demasiado pecaminosa”.

 

Para febrero de 1922 se estrenó en el cine Olimpia Sexo (1920), película dirigida por Fred Niblo con la actuación de la bellísima actriz estadunidense Louise Glaum. La cinta desató polémicas en los hogares por considerarla una “discutida obra de tesis”, que llevó a su prohibición en los cines del interior del país. En agosto del mismo año los cines Venecia, San Juan de Letrán, Trianón Palace, Parisiana y Lux exhibieron la cinta Cuerpo y Alma (Rae Berger, 1916), donde la protagonista de la cinta, Audrey Munson, posaba totalmente desnuda para un pintor. A pesar de que la cinta exaltaba el triunfo de la moral sobre las pasiones, ya que el desnudo de Munson se justificaba por la intención artística, su proyección llegó al límite de la sociedad, que de inmediato iniciaron protestas y campañas para frenar su presencia en la marquesina de los cines, en las que también se vieron involucrados miembros del clero y las “damas y caballeros distinguidos” de las colonias Roma y Juárez.

Una de las grandes preocupaciones sobre las exhibiciones cinematográficas era que estas estaban abiertas a cualquier tipo de audiencia, los infantes podían ingresar a los cines y contemplar películas audaces o de contenido inmoral y nadie les negaba el acceso, como comenta la nota “El atractivo de lo inmoral”. En este sentido, Manuel Caballero, poeta y decano de periodistas de la época, realizó una propuesta al Ayuntamiento para construir un teatro-cine exclusivo para niños, éste podría haber sido la primera idea de cine club en México, ya que los infantes representaban un número importante de asistentes a funciones de cine donde se exhibían películas de asuntos criminales o en su mayoría con escenas abundantes de audacia. En El Universal del miércoles 9 de agosto de 1922, en la nota “Cómo puede fundarse el teatro-cine para los niños”, Manuel Caballero exponía tres condiciones de su propuesta:

 

  1. Los boletos debían venderse a mitad de precio de los cines comerciales.
  2. Exhibir por lo menos una película educativa
  3. No exhibir películas de entretenimiento “sin tener antes el permiso expreso de un comisionado especial que se nombrará al efecto”, responsable de suprimir los “pasajes contra el pudor o contra la moral y las buenas costumbres”.

 

El cine, en este sentido, formaba parte activa de las diversiones de la vida cotidiana mexicana de aquel entonces, era uno de sus entretenimientos favoritos, pero había muy pocas funciones dedicadas a los niños, motivo que explica el por qué de la iniciativa de Caballero de crear un teatro-cine para el público infantil. A finales de la década de los veinte comenzaron las matinés infantiles, y para inicios de la década siguiente los menores del hogar se divirtieron con cintas de dibujos animados como las del Gato Félix y Popeye el Marino; en 1933 nacieron los emblemático Mickey Mouse, el Pato Donald y Pluto; y en junio de 1938 la prensa anuncia el estreno del primer largometraje de Walt Disney en el teatro Alameda: Blanca Nieves y los siete enanos. La SEP se encargó de hacer exhibiciones asiduamente en centros educativos, comunidades rurales y al aire libre de películas didácticas que ayudaran a combatir la ociosidad y que promovieran la salud.

 

 

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