1. Si Nueva York es una ciudad en blanco y negro, Morelia es una ciudad en sepia. No se puede hablar de una ciudad colorida. La rige un aura de antigüedad y polvo, similar a los cuadros de la última cena en la cocina de la casa de la abuela. Por más que se intente agregar novedad a Morelia, la tradición y su gente mayor siempre predominan. Digámoslo muy sencillo: Morelia tardará mucho en ser una ciudad con espíritu joven. Esto se ve sencillo e inmediato en cualquier vistazo foráneo.

2. Si hubiese unos premios nacionales al foro con la peor ecualización del país, sin duda que ganaba Salón Villaló. No se bien si su ingeniero de audio tiene alguna avería en los cromosomas o si la consola que tienen fue comprada como chatarra a Rusia después de la caída del comunismo.

3. Imposible entonces que Morelia florezca para que la juventud que la habita se muestre orgullosa y satisfecha. Si, es una ciudad hermosa, pero también una ciudad purista. Ejemplos: dos. La ultima Salvajenada y el último evento de Cactux. Eventos que en cualquier otro punto del país tendrían entradas agotadas a los pocos días de ser anunciados. El resultado: dos foros semivacíos. Qué pasó. Que la tradición de nuevo encajó la navaja en las costillas de la escena.

4. Un día difícil, claro. El 4 de julio, lejos de volver maniacos a los gringos entre cohetes y banderitas, es también un día que en la ciudad provocó un alboroto en la gente, similar a agarrar a batazos un panal de avispas. Todo el mundo corrió a la Expo Feria a absorber ese paisaje rural y mecánico que tanto ha aburrido a generaciones. Como estaba a un día de acabarse, la Feria reunió a tanta gente como pudo. “Pues sí, como ya son los últimos días le bajan un chingo el precio a la chela para no perderle y todos van y consumen“, me dijo el dueño de Cactux.Además, es época de graduaciones y apenas ayer todos se fueron a sus pueblos por las vacaciones, era normal que no hubiera tanta gente“, comentó el CEO de Indie Life. Ninguno perdió el espíritu, su concierto tuvo toda la energía que se esperaba.

5. Surgió para algunos la duda obvia: Salvajenada en un nuevo foro no iba a ser lo mismo. Ya les había pasado en Cactux cuando vinieron Los Macuanos. Fue bueno, pero no épico. Ahora, con un cartel increíble, Salvajenada arriesgaba muy poco, ya que el evento solito se defendía.
La realidad es que todo se mantuvo exactamente igual: mismos organizadores, mismo objetivo: bandas increíbles que generen nuevos públicos, misma dinámica y estética, misma actitud sociable y divertida, mismos precios. Pero faltó una sola cosa que fue la más importante al final: Jeudi. No era el mismo foro. Por lo tanto, no era el mismo espíritu. Bastaba con llegar a Villaló para sentirse incómodo. Quizá era ese sabor a bodega extraña del lugar que distaba mucho de lo compacto y clandestino de Jeudi. No lo digo solo yo, mucha gente me decía excatamente lo mismo.

6. “Desde que empezamos a tocar se sentía una vibra muy incómoda“, me dijo un músico. Señalaban que la gente ni siquiera estaba atenta al escenario. Les creo. Incluso cuando tocó Wet Baes y los épicos Ases Falsos, mucha gente prefería platicar o besarse, o andar en la planta alta viendo a la ciudad desde la terraza. Aceptémoslo, era un evento mágico en un lugar que lo que menos tiene es eso: magia. Porque, no es que el lugar sea malo, es muy cómodo, pero está hecho para otros fines: bailar con música de díyeis y cosas por el estilo. Jeudi no es tampoco el gran foro, pero permitió que se fuera dando, poco a poco, el nacimiento de una magia que Salvajenada encontró casi que a la suerte. Y que seguirá funcionando sin problema, pero no en foros del estilo de salón Villaló. Sonaba, entonces, forzado. Esa es la palabra.

Foto: Salvajenada

Foto: Salvajenada

7. Cuando salieron los Ases Falsos muy pocos creíamos que estuvieran tocando en nuestra ciudad. Esas canciones increíbles de su álbum Conducción por fin iban a ser coreadas por el público local. Hasta Kumamoto vino a desquiciarse viendo a los chilenos. Pero sonaba tan mal la ecualización que, de no saber las letras de memoria, era imposible entender qué estaba diciendo el vocalista. Batacazos y bajeos secos, eso fue lo que se alcanzaba a escuchar. Y el encargado de la consola estaba por allá, rascándose las zonas más profundas del ser, para después olerse los dedos.

8. Morelia pudo y no aprovechó. No es un reclamo a la gente. Cada quien muge en distintos cerros. Pero el público que siempre está ahí en todas las Salvajenada, simplemente desapareció. Y en Cactux pasó algo que les pasa mucho más seguido, me cuentan. A veces extrañamente hay llenos que no esperaban y, de repente, hay menos de cincuenta personas en evento que se auguraban atascados de humanidad.

9. Para cerrar: ninguna evento bajó en calidad musical. Me decían que no tenía por qué emocionarme por tener a tantas buenas bandas en solo día en Morelia, que eso no hacía mejor a la ciudad. Claro que no. Nadie dijo que Morelia estaba mejorando. Absurdo y tonto pensar que unas bandas musicales solucionarán la violencia, el pedo económico o los baches del estado. Lo que es cierto es que, como dijeron ambos colectivos organizadores, esto muestra el inicio de cada vez mejores propuestas musicales. “Qué bien que ahora tengas qué elegir estar en un foro o en otro el mismo día” dijo Indie Life, “ojalá esto pasara siempre“. “Hace mucho la ciudad no se nutría de tanta música como lo está haciendo ahora“, escribieron los Salvajenadas para resumir ese día.

10. Cuando estuve en una banda nos llegó a ir muy bien y muy mal. Como a todos. Bueno, hay gente que no le va bien ni diez años intentando. Total, de lo bien aprendimos a disfrutarlo y de lo mal rescatamos una ley muy clara: un evento lleno de gente no significa un gran evento. Y también aprendimos esto, que es lo que más recuerdo: sin organizadores inteligentes no hay eventos interesantes.

Y Morelia se está poniendo interesante.

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