Algunos descansaron, otros sufrimos

El Oro Olímpico que nos regaló México el 11 de agosto del 2012 en uno de los estadios más emblemáticos de nuestra historia siempre va a ser inolvidable.

La Selección Nacional Mexicana venció a Brasil con Neymar incluido y obtuvo el más grande trofeo de toda su existencia, aquel logro que ni los sudamericano pentacampeones del mundo poseen.

Para muchos el día no fue el mejor para disfrutar de una gran hazaña. En mi caso, una noche antes a la fecha pactada en Londres tuve que viajar una distancia aproximada de 100 kilómetros para desembarcar en mi hogar. Mi horario de clases en ese entonces me obligó a viajar a media tarde, con el sol casi ocultándose y con una luna que presagiaba una gran tarde para el deporte mexicano.

Justo hace dos años, a la par que se desarrollaba la justa deportiva más importante de nuestro planeta estaban “de moda” en Michoacán los famosos narco bloqueos. Rodando de noche y a punto de llegar a mi destino, el autobús en el que viajaba realizó una parada cotidiana en una central de camiones muy conocida en la zona oriente, ahí arribé al filo de las 8 de la noche, esperando como un niño el silbatazo inicial a la mañana siguiente e imaginándome cuan grandioso podría ser levantar los brazos en un estadio tan importante y ante el “Scratch du oro”.

Pasaron largos los minutos, llegamos a la media, los 45 y después de una hora de estar varados parecía que por fin zarparíamos de aquella vieja central, avanzamos algunos kilómetros y yo estaba impaciente, desesperado y cansado, dispuesto a poder descansar para disfrutar del juego, llegamos a una intersección y el transporte dio vuelta en U para retornar nuevamente al punto de reunión.

La incertidumbre invadió a los más de 20 pasajeros que viajamos en aquel viernes 10 de agosto. El chofer abandonó el autobús desconcertado y minutos después regresó, se presentó ante la mirada atónita de todos y casi con la voz entrecortada anunció que había un percance sobre la carretera y que permaneceríamos ahí hasta nuevo aviso.

Mi reacción fue catastrófica, aparte de que pensé no llegaría esa noche a dormir en la comodidad de mi hogar, me preocupaba en demasía lo que podría pasar si me quedara más de 10 horas en ese lugar y me perdiera el juego de la Gran Final por el Oro Olímpico.

La Luna ya caía a pleno sobre aquel lugar, el frío comenzaba a envolvernos y yo merodeaba sobre los dos asientos que tenía disponibles a mi placer.

“Y nos dieron las diez, las once. Las doce, la una, las dos y las tres”

… y todos los pasajeros rezaban para que por fin alguien dijera algo, para que el chofer entrara de nuevo y dijera que por fin no ibamos a mover, pero nada de eso pasó. En el fondo del pasillo de inmediato corrían los rumores de que había balaceras, muertos y uno que otro coche incendiado a la mitad de la carretera. Claro nadie lo confirmó nunca pero la gente comenzaba a asustarse. La única vía de escape de esa ciudad era por un sólo lugar y estaba cerrado.

Comencé a escuchar música, a reflexionar sobre la posible alineación ante Brasil. “Oribe al frente con Fabián y hasta quizá Gio pueda jugar un rato”, me preocupaba más el hecho de poder salir de ahí para descansar y despertarme temprano que lo que verdaderamente estaba pasando.

Pasaron las horas, nos dieron las seis de la mañana y por fin el chofer nos había dado esperanza: “Parece que la cosa ya está más tranquila”, explicó, “En momentos nos vamos”. Entonces estallé en júbilo, en mis ojos aparecieron dos balones y mi corazón palpitó más que nunca por poder observar el juego que arrancaba a las 07:00 horas tiempo del centro de México.

Al pasar por un puente de fierro se confirmó lo que se esperaba, un bloqueo con camionetas incendiadas cerró el paso por ambos sentidos e impidió el tránsito. Al llegar a mi casa corrí como nunca hacia el televisor sin importar el cansancio de haber dormido apenas unos minutos en la noche anterior y en una postura poco común. Llegué a tiempo, justo a tiempo para escuchar nuestro himno nacional y celebrar apenas al minuto 1 de juego con el gol de Oribe. La historia que vino después ya la conocemos todos… doblete de Oribe, susto de Hulk y Oro Olímpico histórico para México.

Oro Olímpico 2

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