La mancha de sangre (1937), de Adolfo Best Maugaurd, fue otra cinta que se arriesgaría en abordar la prostitución como trama principal. El filme fue mutilado y no logró ser exhibido sino hasta seis años después en cines de “circuito”, para luego ser enlatado. La cinta registra, de acuerdo con Álvaro Fernández, “los cabarets de mala muerte teñidos de crimen y erotismo”.

A diferencia de los azotes dramáticos que sufren las protagonistas de Santa y La mujer del puerto, obligadas a ejercer la prostitución por injusticias de los hombres y la vida misma; Camelia, estrella de la cinta (interpretada por una joven Stella Inda), y sus compañeras del prostíbulo-cabaret llamado La mancha de sangre, disfrutan sin lamentaciones de su vulgar y transgresor oficio y se solidarizan en su labor de prostitutas, a la vez que pueden “librar una cuba libre o un anís y contorsionarse con lascivia frente al macho fogoso”. La invitación al placer sexual se extiende desde el inicio de la cinta, en la que una de las prostitutas enseña generosamente uno de sus muslos mostrando sus medias negras, una liga con dinero habido como acompañante de baile y un moretón producto de una riña.

La película cuenta con crudas escenas naturalistas de desborde sexual y un insólito desnudo manejado con inteligencia y sin mojigatería alguna, que de inmediato la convirtieron en objeto de la censura. El título, que hace alusión a la rotura del himen, fue otro rasgo que causó escándalo y destinó el futuro de la cinta a la invisibilidad, siendo vuelta a la vida hace poco tiempo por la Filmoteca de la UNAM.

 

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