Como la gran mayoría de ustedes ya lo sabe, este sábado 24 de mayo se disputará en Lisboa la final de la Champions League entre dos equipos de Madrid, Atlético de Madrid contra el Real Madrid, dos escuadras histórica e íntimamente enemigas, siendo el Atlético el segundo equipo en discordia del Real Madrid después del Barcelona, y siendo el Real Madrid el objetivo número uno a vencer por el Atlético en cada temporada. El Atleti está crecido porque viene de obtener el fin de semana pasado el campeonato de la liga española de fútbol luego de 18 años sin ganarla. Sin embargo, los colchoneros no lo tienen fácil de acuerdo a las estadísticas ya que sólo han llegado una vez a la final en la temporada 1973/74 pero la perdieron contra el Bayern München. De ganar sería su primera oreja. En cambio y por contraste, los merengues han llegado doce veces a la final y han conseguido el título en nueves ocasiones, lo que les hace ser el club con más copas de la Champions en la historia (aunque, todo hay que decirlo: seis de las nueve orejonas que ha ganado el Real Madrid han sido entre 1955 y 1966, es decir, durante el franquismo, lo cual no deja de ser sospechoso).

Pero pasemos al tema de este artículo: los himnos que escucharemos en esta final.

Muchos no lo saben a pesar de que lo han oído innumerables veces antes y después de cada partido del torneo (incluso habrá quien lo haya cantado y hasta llorado con él), lo cierto es que el himno de la Champions League está basado en una composición datada en 1727 (¡es decir, de hace 287 años!), escrita nada más y nada menos que por el británico-alemán Georg Friedrich Händel (1685 – 1759), conocida con el nombre de Zadok the Priest (Zadok el sacerdote), pieza que pertenece a una serie de himnos que la Familia Real Británica le encargó al compositor para los actos de coronación, siendo la que nos ocupa una petición de Jorge I para celebrar la coronación de su hijo Jorge II, la cual se apoya a su vez en textos del Antiguo Testamento.

 

 

No fue hasta 1992, cuando el torneo de la Champions llevaba ya 37 ediciones, que la UEFA encomendó a un compositor inglés llamado Tony Britten (de quien se conocen más bien pocas obras) la creación de un himno, una pieza musical que tuviese gancho emocional, fuese sencilla de recordar y cantar y que cumpliese con los estandartes magnánimos de la competición. La letra del himno estaría escrito en tres lenguas, inglés, alemán y francés, los idiomas oficiales de la UEFA. El contenido del texto no es la gran cosa, de hecho es bastante soso y baladí, básicamente el coro se la pasa repitiendo: “¡los maestros, los mejores, los grandes equipos, los campeones!”. El resultado es hoy ya bien conocido.

 

 

¿Y qué hay de los himnos de los equipos? Pues tanto del Real como del Atleti ha habido varios a lo largo de sus respectivas historias, unos más conocidos que otros. Por no irse tan atrás en el tiempo (el espacio es corto y la historia larga), de ambos equipos destacan los himnos “clásicos”, influidos claramente por uno de los géneros musicales españoles más populares: el pasodoble. Los dos himnos poseen textos más bien genéricos, con oraciones con las que todo el mundo se puede identificar y hasta extrapolables, siendo las únicas acotaciones particulares las menciones tanto al del distrito de Chamartín en el caso de los merengues, que es donde se ubica el actual Santiago Bernabéu, como al estadio Vicente Calderón en el caso del Atleti.

Himno del Real Madrid del año 1952, acreditado a Indalecio Cisneros.

 

 

Himno del Atlético de Madrid del año 1974 acreditado a José Aguilar Granados y Ángel Curras García.

 

 

Cabe mencionar los dos himnos más recientes de ambos equipos, compuestos a razón de los centenarios de cada club, en 2002 (Real Madrid) y 2003 (Atleti), los cuales han calado en las respectivas aficiones debido a su pellizco emotivo.

El himno moderno del Real Madrid lo compuso José María Cano, ex Mecano, y lo interpretó el incombustible Plácido Domingo, reconocido hincha del equipo blanco. El tema no escatima en monumentalidad como no podría tratarse de otra manera y aunque la letra opta también por lo genérico, sí podemos encontrar metáforas acertadas como cuando dice “campo de estrellas” (probablemente el Real Madrid es el equipo con los jugadores más famosos y reconocidos a nivel mundial entre la esfera futbolística) o esa parte que dice “juegas en verso” (una de sus supuestas virtudes del estilo del club es su elegancia al jugar). El himno consigue su objetivo: imponer. ¡Cómo no, si cuentan con la ventaja de tener entre sus aficionados al cantante de ópera más talentoso de los últimos cien años!

 

 

Por su parte, el Atleti respondió con un himno muy a su manera, compuesto e interpretado por el canalla de Joaquín Sabina, quien supo transmitir adecuada y representativamente los sentimientos rojiblancos y el incondicional amor colchonero a su equipo, manteniendo además el estilo castizo y verbereno del encantador pasodoble. No se trata de un himno glorioso, sino una canción de batalla acorde a la afición del Atleti, es decir, popular y barriobajera, en la que caben alegrías y lamentos porque así ha sido su historia. El texto es más específico y se menciona el nombre de algunos jugadores históricos o que han quedado en el imaginario colectivo colchonero. La esencia del tema y por tanto del sentimiento que quiere transmitir se ve bien reflejado en oraciones como estas: “Ni perdemos los papeles, ni cambio por mi Neptuno tu pasarela Cibeles” y “con dinero y sin dinero somos los primeros”.

Y es que, si bien los colchoneros son testigos en primera instancia de las victorias de los merengues, en realidad no sienten celos hacia el Real Madrid, los rojiblancos saben que cada temporada juegan con la desventaja del presupuesto pero a pesar de ello logran plantar cara a los rivales debido a su afamado tesón. Y lo que es todavía más importante -análisis que se puede constatar incluso entre la comparación de los himnos “modernos” de uno y otro, siendo el del Real Madrid más hacia afuera (es decir, internacional), y el del Atlético de Madrid más hacia dentro (es decir, localista)-, los colchoneros se saben más auténticos por humildad, naturalidad, cercanía y lucha; es su forma de ser y para ellos eso es un elemento incluso más valioso que ganar.

 

 

Que este sábado se lleve la copa el mejor.


Este artículo forma parte de una serie publicada originalmente en Satélite Música del 20-26 de mayo.

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