Antes de que el titán de la izquierda mexicana estuviera a pocos años de conquistar México había un joven encantador y seductor que escurría toda entrepierna de los setentas. Su nombre: Andres Manuel López Obrador. Su atractivo: lucir siempre hermoso y mesiánico en cada etapa de su vida.

Pastor de la selva tabasqueña, su mojo siempre ha conquistado a los más vulnerables. Su rostro, lleno de empatía y liderazgo, han combinado bien con esa mirada inquisidora y seductora que lo ha posicionado como el candidato presidencial más apto para el trono mexicano:

Desde su infancia el emperador de la izquierda ha ofrecido al mundo una mirada cautiva que solamente se le ha visto a gente tan solemne como Woody Allen, Mario Almada y Kennedy. Sus orejas, amplias como su conocimiento, siempre han resaltado para escuchar al pueblo y seducir a su juventud.

Creyente total de la democracia participativa, Andres Manuel siempre ha levantado la mano por su pueblo. Su look de maestro de física dinámica siempre lo ha distinguido del resto. Mientras sus contrincantes se desviven en looks de alto prestigio y derroche económico, el sensei tabasqueño ha vivido en la pulcritud de un saco, un pantalón y una corbata discreta, como su vida sexual.

Mientras otros mandatarios desvivían su juventud entre mujeres sencillas y viajes costosos a Europa, nuestro ídolo del sur se enfocaba en cargar carpetas de distintos colores mientras el aire fresco de la selva le sacudía la cabellera. Su patilla de ídolo deportivo y su talento para ofrecer miradas seductoras a toda persona que se le atravesara, le empezó a funcionar para conquistar puestos políticos de gran escala.

“Hacia allá está la presidencia”, decía a todo indígena que se encontraba en el camino aunque no entendieran su idioma. Así era Amli, el ídolo rural que habría de cambiar el curso del país con sus discursos sencillos y sus comentarios tajantes contra la mafia del poder. Descalzo y sudoroso, su imagen siempre brillaba por donde pasara. Sus zapatos, iguales que los que usa su pueblo, lo conectaban siempre con las raíces que lo vieron crecer y ahora lo mantienen a menos de dos años de la silla presidencial.

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