Han pasado cinco días desde que se celebró la edición 2014 de La Yoshokura. Es jueves. En las oficinas del festival, Jesús Barragán sostiene un cigarrillo encendido mientras dice que creen tener un punto de equilibrio. Deben  registrar los ingresos de todos los OXXO y esperar al lunes, pero creen que al menos no perdieron dinero.

En las pasadas ediciones del festival se veía una asistencia insuficiente. El organizador le pone números: si esperaban seis mil personas llegaban tres o cuatro mil, es decir, entre 50 y 66 por ciento.

No sólo comenta sobre el factor económico del proyecto, también sobre sus orígenes, los problemas de horarios en la edición 2014, las bandas locales y lo que planean a futuro.


Jesús Barragán: “Fue en el año 2009, a mediados de la primavera, cuando un empresario se acerca conmigo a proponerme hacer un evento especial para recalcar su marca. Él tiene un negocio de makis. Él quería presentar una imagen nueva y a él se le ocurrió hacer un concierto.   

Y este evento se realizó en septiembre de 2009 en la discoteca XO. Realmente no fue un festival como tal si lo vemos de manera purista. Ahora, con mucho respeto lo definimos como el primer festival La Yoshokura, donde estuvo participando Sussie 4 y algunos djs locales.

Unos días después de ese concierto nos encontramos, y hacemos una recapitulación del evento y yo ya tenía en la cabeza a Nortec…”

Satélite Media: ¿Se plantean objetivos a futuro en ese momento?
JB: “No, para nada. Es un juego. Mira, el Festival La Yoshokura nace de un interés muy peculiar por hacer cosas que en la ciudad no se hacían, en formatos que no se veían. Y dos, por, lógicamente  un gusto a la parte musical.
Estos dos primeros trabajos fueron muy sin pensar qué seguía. Tras bambalinas de un concierto… sé que no importa, sé que a la gente no le interesa saber, pero acabas tan cansado y tan agotado que lo que menos deseas es pensar que vas a hacer otro”.

SM: ¿Cómo ha ido económicamente el festival?
JB: “Trabajamos bajo un fundamento de tener un análisis financiero y sobre esa cantidad de dinero ver qué podemos hacer. Lo que nos ha pasado siempre, es que siempre hacemos de más”.

Un teléfono suena, Jesús Barragán y su equipo lo ignoran. Horas antes, Sahara Jarillo, la encargada de prensa, explicaba que han tenido reuniones durante todo el día. Por eso la entrevista se realiza en sus oficinas, no tienen el tiempo suficiente para salir.

“Al final es un festival que no termina de ser auto sustentable. Siempre necesita el apoyo de alguna empresa no institucional, no educativa, no religiosa, no política, hasta ahorita, que nos eche el puchón.

No nos asusta. Concretamente siempre hay una pérdida de dinero”.

SM: ¿Siempre?
JB: “No siempre, pero sí la mayor parte de los festivales hemos tenido una pequeña colita que incomoda. Y claro que nos pone a pensar si vale la pena hacer o no hacer. Porque esa parte del dinero al final la enfocas en dos cosas: en tu producción, si tuvo la calidad para tener un gusto; y en la cantidad de gente que llega al lugar, en la convocatoria que tienes para hacer las cosas.

Es un festival que, creemos nosotros, a corto plazo puede ser un negocio. Pero que al final no nos interrumpe ni nos lamenta que no siga siendo un negocio. Disfrutamos muchísimo haciendo el festival”.

La Yoshokura oficina 2 Jesús Barragán

SM: ¿Qué medidas se han realizado para mejorar la asistencia?
JB: “La promoción, siempre. Hacemos la inclusión a una empresa que está interesada en difundir un producto. Abaratamos un costo de boletos para tirarle a una mayor cantidad de gente en  ingreso”.

SM: ¿La relación con las bandas y los medios ha sido difícil?
JB: “Creo que no. Hemos llevado en la parte artística una muy buena relación con todos los artistas que hemos traído y que en un momento se rompió por esta parte de la promoción local de grupos y de talento.

Si ves las fotografías, siempre hay un grupo local ¿no? A final varios de los grupos locales que nosotros invitamos criticaron mucho el proyecto y el festival por las mismas cuestiones que habían participado.

Decía una banda: “Es que nunca invitan una banda local a tocar”. “¿Qué banda es?”. “Tal”. “¡Ah! es que tú ya estuviste con nosotros”.

En esta edición, ya definiendo un poco más el criterio y la carta de talentos que había en Morelia y en el Estado, nos dedicamos a darles un poco más promoción. Y eso, aunque no lo creas, funcionó por el famoso, y fracasado, Concurso de Bandas, y criticado por todos, del año pasado.

Convocamos a hacer un concurso muy inocente, yo así lo digo. Y la idea fundamental era ver qué tanta gente iba y asistía a ver a los grupos locales ¿no? Porque algo que nosotros detonábamos aquí era que muchos ya eran grupos muy importantes pero no tocaban en ningún lado.

No entiendo, ¿si eres tan importante dónde tocas o dónde te podemos ver? El concurso tenía esa idea: ver a los grupos. Decir: “¡oh! Sí, es cierto, tienen toda la razón hay muchos grupos de mucha calidad”. Y los grupos que fueron el año pasado, varios también tocaron en esta ocasión y otros fueron los que nos rechazaron y criticaron con su razón y… tocaron otra vez. Ese ha sido un meollo pero no tenemos necesidad ni necedad de andarnos bronqueando con nadie.

Con la parte de los medios es casi lo mismo. Muy pocos medios han sido los que han tenido el criterio de hacer críticas con objetivismo y sin objetivismo y subjetividad sobre el festival.

Con unos nos hemos enfrentado y con otros no hemos dicho nada. Pero tiene que seguir haciendo su trabajo, el trabajo ahí está.

No nos desalienta ni nos desanima, ni nos complican. Nosotros trabajamos bajo un perfil de que la información y los medios están para acá. Y lo que digan, sí, tomaremos lo que realmente nos pueda importar y reconocer. Y lo que no, no”.

Yoshokura Dia 2-5724

SM: En esta edición hubo problemas de horario…
JB: “Atrasarnos tres horas un día, hasta yo me hubiera enojado. Yo estaba súper enojado.
Atrás de bambalinas pasan cosas que nadie sabe y que no importan. Importa tener razón como decir: “Qué mal que hicieron esto” o “qué mal que pasa esto”, pero no se dan el lujo de preguntar ¿por qué pasaron las cosas?

Esto pasa en esta edición y la clave es el cambio de formato. Te voy a dar una frase. Mi padre, una vez yendo a comprar un pollo, le dice el señor cuando iba a cortar el pollo:

“¿En cuántas piezas le parto el pollo?”.

“En treinta y dos”.

Y el wey se quedó con la tijera así y se le quedó viendo, y mi papá le dijo:

“Es que en la casa somos muchos y tenemos hambre”.

El wey no sabía cómo cortar el pollo y era un chascarrillo de mi jefe. Es lo mismo. Pensamos que hacer algo más chiquito es más práctico. Es complicadísimo. Y pues en eso recurrimos a una serie de errores pero ya trabajados. Teníamos ese panorama visto.

Una banda local una semana antes nos dice que van a llevar unos violinistas. No, pues, espérense, no caben.

Es un albur saber si seguimos en este formato para el próximo año o no.

Atrasar una cosa tres horas no es nada bueno y cambiar los horarios y todo. Lo importante es quedarte con el gusto de boca al final. Se armó, no nos rajamos nadie, retomamos las calles en la noche, hicimos participar al negocio local.

Nosotros no nos fuimos con dimes y diretes. Les llevamos un espectáculo de ocho artistas y la barra se la quedaron los lugares.

Yo me llevo eso y las críticas constructivas y objetivas de la gente que quiera opinar.

SM: ¿Cómo es que en la segunda noche de conciertos se repite el problema de horarios?
JB: Son artistas diferentes. El día viernes teníamos once artistas. Para empezar, coordínalos. Para desfortuna de nosotros todas las bandas en esta edición llegaron a tiempo.

El primer problema fue enfrentarnos a la cultura del trabajo en los lugares. Decirle al gerente del bar, que acababa una noche anterior de trabajar a las cuatro de la mañana:

“No te vayas, porque entro ahorita con el sonido a montar”.

“Híjole, me tengo que ir”.

Era una lidiada de dos horas.

Llega el viernes. Todavía estábamos a medias de un escenario y lo que falla es que el músico te diga “es que aquí no cabe mi batería”. Montar una tableta de uno setenta por uno setenta, toma horas. Conecta una bocina: horas, horas, horas.

En el formato de los festivales pasados lo montábamos 48 horas antes, aquí no teníamos ese chance.


Sobre los resultados de La Yoshokura 2014, Jesús Barragán dice que los aplausos y los gritos fueron para las bandas tanto nacionales como locales; pudieron mover un poco la economía de la ciudad; y que como productora “pudieron con el paquete”.

Horas antes se difundía un boletín del festival que informaba que la asistencia fue de cerca de mil personas. También comentaba que ya trabajan en la edición siguiente, sobre la cual no hay algo concreto. Puede quedarse en el centro o regresar al Jardín Ego.


Fotografía: Janik Frías y Especial.

 

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