Para El Muerto, personaje popular de las calles y barrios tijuanenses, “en este puto mundo como te ven te tratan”, porque si estás bonito, todo mundo anda tras de ti, pero si estás bien federico hasta te dicen ‘hazte para allá cabrón’: “yo le decía a Dios: ‘reputísimo Dios, hiciste a Ricky Martín bien guapo, a Luis Miguel bien padrote y a mí me mandaste bien feo por las calles, no mames cabrón”. Por eso entonces un día, dice, se rebeló, agarró el rastrillo y se cortó la ceja, el bigote y la barba a la chingada, agarró el maquillaje, se pintó la cara y frente al espejo le dijo también a Dios: “yo voy a ser como yo quiera, no así como tú me hiciste de culero”.

Fue así como nació hace unos tres años el personaje de “El Muerto”, aunado también a la desesperación “de ya no saber dónde jalar”. Según me cuenta mientras nos tomamos unas cervezas en el Mamut, en el Pasaje Rodríguez, antes de crear este personaje tan lleno de humor negro, él trabajaba de carrocero, pero un día llegaron algunos muy buenos (carroceros) a la ciudad, “y como yo era muy maleta ya no me dieron trabajo”. Agarró entonces su teclado –después de haberse maquillado y tumbado la ceja- y se fue al sobreruedas, pensando que esa sería su última oportunidad para hacer algo en la vida.

Ahí llegó una vez un conocido suyo diciendo “este canta como muerto, y se viste como muerto”, y fue así que le pusieron El Muerto, aunque en un principio no le gustaba, pero le quedó el nombre también por una canción que compuso, se llama “El muerto se te sube”, que tiene que ver con esa pesadilla que pasa de noche: “Llevo alrededor de tres años ya y de aquí soy, me encantó todo esto y la gente me ha ayudado mucho. Ahora que ando disfrazado de El Muerto hasta la policía me trata bien, antes me detenían mucho porque decían que parecía un malandro, pero ahora les sale su rocker que traen interno y todo va bien”, me comenta.

Pero no todo ha sido “bonito” en su carrera artística, ya que en un principio, cuando empezaba a tocar en el parque Teniente Guerrero, las autoridades lo sacaron de ahí con la excusa de que había muchos niños y sus rolas hablan de sexo, muerte, suicidio y mucho rock and roll: “Pero ya ahora los niños están más liberados, además, que incongruencias porque ahí en el mismo parque unos payasitos ponen a las niñitas a bailar el ‘tubo, tubo’ y pues la hipocresía me cae mal a mí. Me caen gordos”, me dice.

Le pregunto entonces sobre la propia hipocresía que las autoridades tienen como discurso, me comparte que para él siempre ha existido una lucha entre los liberales y los conservadores: “Los conservadores son los más hipócritas, los pudorosos, los persignados, y mira que yo estuve en ese bando, pero porque era un ignorante. Yo creía que Dios era lo que quería, la persignación y lo conservador. Pero no, el mismo Dios dice que hagas lo que quieras, pero mientras no dañes a terceros. Por eso creo que una persona liberada y feliz es una persona evolucionada”.

Pero ¿cómo se llega a esa liberación? Le preguntó. Me responde que uno puede llegar a esa liberación usando el sentido común: “Por ejemplo, el pastor en la iglesia que yo iba predicaba la Santidad, pero cuando íbamos a Playas de Tijuana él agarraba a las hermanas y se las cachondeaba dizque porque las cuidaba de las olas y ellas se ponían gozosas. Yo desde ahí ya comenzaba a ver una incongruencia, es cuestión de darte cuenta que algo ahí estaba pasando”.

Ese sentido común llevó a El Muerto a afrontar su propia realidad contra la de la Iglesia, a rebelarse ante esas predicaciones incongruentes y a entablar un diálogo interno que se exteriorizó hacia las minorías, a las que de cierta manera les canta, les aplaude y les magnifica porque no van “como borreguitos” tras de lo cotidiano. Es así como “gays, jotos, maricas, transexuales, darks, punks, rockeros, emos, hippis” y demás fauna se congrega en sus temas y, me comparte, lo hace así porque también él, o su personaje, están inmiscuidos dentro de este submundo arraigado en Tijuana.

“Aunque no soy un gay amanerado o por nacimiento, yo entiendo que todos tenemos una mujer interna. Para darte cuenta es cuestión de darle un poco vuelta al canal y sale tu mujer interna. Y las mujeres también tienen un hombre interno. Es la dualidad. Dentro de la dualidad está el bien y el mal. Está Cristo y está Satán. Está el macho y la hembra. Nada más que el sistema escolar, el catecismo y la tonta iglesia católica nos convierten en borreguitos. Pretenden canalizar al vacío todo el potencial ideológico que tenemos y eso es muy lógico porque a ellos les conviene tener borreguitos para servirse de ellos. Un pueblo despierto nunca va a ser sirviente de los caciques”.

Ante estas circunstancias, lo extravagante de su personaje y su música, el misterio y curiosidad que provoca, le pregunto cómo es que lleva él a cabo la cuestión de las críticas o los señalamientos que hacen a su persona. Me dice que es algo bien fácil, puesto que ha aprendido a no engancharse cuando lo critican o cuando lo confrontan, ha aprendido a no pelear y a saber escapar de un conflicto: “Una persona que empieza a debatir o pelear es una persona ignorante. Para pelear solamente se ocupan a dos personas ignorantes. Además yo creo mucho en la reconciliación, en la tolerancia, todos los esquemas y grupos del mundo tienen sus lados buenos, sus lados encantadores, pero nos separamos, en vez de canalizarnos nos andamos confrontando siempre”.

Por eso, señala, para aventarte a la opinión pública tienes que estar bien convencido de lo que estás haciendo si no “te tumban” o te confrontan, aunque para vivir tu vida tranquilamente sin buscar la exposición ante los medios con lo que uno tenga le puede bastar para estar bien: “Yo conozco mucha gente conocedora que no le interesa salir ni exponerse, les gusta estar así y está todo bien en sí, no se meten en problemas. Desgraciadamente yo soy un vanidoso que le gusta la fama, es un pinche vicio que me avienta a soltar la sopa y llamar la atención. De perico a perro no he salido, pero voy a seguirle luchando por ella, hasta que la alcance, pero siempre con la ideología por delante, con la firme idea de que los jóvenes me escuchen, no trato de que me gane el ego, por eso la fama siempre va en segundo lugar”.

—¿La fama a costa de lo que sea?

La onda en todo esto es que te enajenas con algo, como toda la vida estuve impuesto a andarle perreando (a la vida), cuando pasan esas cosas como ir a un programa de televisión (con Facundo en Televisa) y cada vez salir más a tocar en distintas ciudades pues sí dices ‘chale’, no es que uno se vuele con eso, o sea, por más que me monten en una limosina con dos rubias uno sigue con el trauma de la jodidez que ya cargaba desde niño. Yo llevo casi tres años apenas disfrutando todo esto, y como que no me la creo todavía. A uno a veces no le cae el veinte.

—¿Cómo lidiar entonces con aquellos que se mofan de tu discurso, de tu apariencia?

Me pongo en sus zapatos, me gusta mucho tratar a la gente como a mí me traten. Aunque estoy feo y la gente diga que me parezco al Diablo, en verdad soy un fanático de la amabilidad y la consideración. Como dice en la Biblia: ‘la blanda respuesta calma la ira’, entonces es lo que aplico yo con las personas que se sacan de onda con mi apariencia, y eso ya pasa entonces a segundo plano.

Lo que yo hago en todo caso es usar esa apariencia como un gancho con la gente, ya cuando vienen a ti aunque sea por morbo ya puedes darles ese mensaje que les quieres compartir. Si yo no me disfrazara y cantara esa rola de “Parezco un malandro” la gente ni me haría caso, pero como traigo un gancho publicitario detrás, con mi personaje, pues ya engancho a la gente. Para eso es la imagen, para jalar a la gente y poder ser escuchado.

—Lo interesante de todo es que lo haces con un humor negro bien retorcido.

Pasa que yo tengo esa habilidad que Dios me dio, y que no la estudié porque de la secundaria nunca pude pasar. Eso del humor negro es algo que ya traigo de manera natural, siempre sin faltarle el respeto a nadie. Pasa que tengo una vista muy aguda sobre la problemática social, entonces veo detalles que quizá mucha gente no ve y es ahí donde encuentro el motivo para hacer mis canciones. Quizá por eso me corrieron de la Iglesia, porque tenía una vista enorme para darme cuenta de las cosas que ahí sucedían.

—¿Y qué pasa entonces con la Iglesia, con la gente que censura la práctica del sexo cuando ellos mismo lo practican?

El éxtasis, el orgasmo, es el placer más grande que hay entre los seres humanos, entonces, ¿por qué no disfrutarlo desde niños? Se censura por la iglesia persignada, porque enferman a la gente con todo solamente para recibir sus limosnas. La iglesia solamente se ha encargado de enfermar a la gente haciéndola sentir pecadora y mundana. Los sacerdotes y toda la gente de la iglesia es la más maldita, por lo menos el narcotraficante arriesga su vida y el político roba sin que se den cuenta, pero los sacerdotes usan la palabra sagrada de Cristo para hacer sus pendejadas, y eso sí que es sucio, ruin y hasta cierto tipo es satánico.

—Como dices en una de tus rolas, ¿entonces sí te ha ayudado el rock and roll para liberarte de todas esas ataduras que traías desde la infancia y que se conglomeraron en la Iglesia?

Así es. A mí siempre me ha ayudado el rock and roll, la música, para no hundirme. Cuando estaba joven pensé en el suicidio, acaricié esa idea, pero también pensé “si me mato, no voy a escuchar el próximo hit mundial del rock and roll” y dentro de mi ignorancia y novatez de joven agarraba fuerzas con la posibilidad de saber cuál canción iban a sacar para escucharla. No me gusta la música ruidosa, no contamino mi cuerpo y mi alma con música violenta, pero aunque el grupo Kiss es ruidoso, es mi grupo favorito porque además me enamoré de su vestuario. Ha sido una gran influencia y la verdad no pierdo las esperanzas de que un día vengan a saludarme. Desde niño tenía mi cuarto tapizado de fotos del Gene Simmons, ya le he enviado dos o tres invitaciones para que venga a Tijuana. Hasta le dije que si venía le prestaba a mi vieja, es al único que se la prestaría, es un personajazo.

—¿Finalmente crees que se está haciendo realidad lo que un día te dijo una bruja?

Yo creo que sí, pero estuvo muy curada esa ocasión, estábamos en una fiesta hablando de brujería, y yo le dije que si me adivinaba el futuro, ya que yo siempre había tenido hambre de fama. La bruja sacó su Biblia y comenzó a recitar unos conjuros y ella me dijo que sí, que mis sueños de ser famoso se harían realidad, pero no como yo los esperaba o soñaba que fueran. Por eso cuando me pusieron el apodo de El Muerto me di cuenta que era verdad porque de inmediato el nombre hizo eco en la gente y comenzó a “sonar” en la ciudad. Ahora espero que todo eso crezca, me gustaría poder tener un curso de técnica musical para que no quede esto nada más como El Muerto ocurrente, sino pasar a ser El Muerto cerca de lo profesional, para así poder seguir soñando y poder seguir creciendo.

*Actualmente El Muerto vive en el DF, se fue en busca de lograr sus sueños y anda dando conciertos por allá.


Foto Manuel Noctis

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