Ya es hora de aceptarlo: Daft Punk nos quedó a deber mucho con su Random Access Memories. Lo que tronaba en todos lados como la promesa de un gran album de electrónica francesa, sucumbió a un R&B monótono y demasiado sumiso como para bailarlo totalmente o agitar demasiado la cabeza.

Si bien el RAM de los robots es un disco muy bien hecho, sentíamos que Francia estaba poco a poco dejando de brillar por su novedad y valentía sonora. Con Sebastian Tellier obeso y en la banca, ¿quién podía llevar la bandera francesa con el pecho descubierto por el mundo? Ante tanto Skrillex, Aoki y Major Lazer, alguien debía salvar los valores elementales de la música electrónica (previa a la satanización de la consola digital).

Air saco un gran disco para celebrar sus más grandes balazos de carrera en este 2016. Pero como siempre, hacía falta algo de bit maniaco, bajeos pesados y espíritu renovador. Se necesitaba un producto de manufactura meramente nacional que abogara por los necesitados que aman agitar la cadera, inhalar cocaína lavada y sudar hasta que muera la batería.

Para todos ellos hubo respuesta. Venía en forma de cruz y estaba embarrado de algo parecido a un esperma celestial. Se llama Woman y está fresco. Lleno de los coros que los han identificado desde su primer Cross, con bajeos precios, cerdos y contundentes, y un aura de fiesta interminable, Xavier y Gaspard han colocado de nuevo a Francia en el mapa de la sorpresa y la innovación.

No hay pista que no permita mover la pierna como boa herida. Todo track tiene una personalidad fija y bien planeada, como los personajes de Mad Men. Cada coro y ritmo de batería atacan directamente a la cadera. Imposible no bailar. Imposible quedarse quieto.

Chorus, por ejemplo, es un tema que bien podría encajar en el soundtrack de Trainspotting, en un pazón de cerveza y heroína. Y los demás no se quedan atrás, de arriba a abajo el esqueleto de Woman está tan bien constituido que podría soportar las tragedias de varios siglos y aún así seguir brillando. Con notas que empiezan a arañar el retrowave, pero sin soltar el funk, el disco se olvida de las etiquetas de música electrónica con toques de rock and roll. Una etiqueta que le ha hecho daño a Justice durante décadas, al no dejarlos desplazarse libremente.

Sin duda es el disco perfecto para rebasar los 180 kilómetros en una carretera nocturna. Perfecto también para coger después de una tanda de metanfetamina y, sin duda, una biblia para destruir al hígado y los talones después de una noche llena de neones, desnudos y espejos incompletos. Como la Francia de este siglo lo demanda.

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