En todos los gremios socio-culturales aparece y a todos en alguna ocasión los ha dejado en ridículo. Hay a quienes los acompaña toda la vida y a quienes con una simple acción los hunde profundamente. Se llama karma y en el periodismo suele presentarse de manera contundente.

En mis andanzas como escritor y periodista he visto infinidad de cosas aleatorias en las que el karma ha estado siempre presente, desde una simple acción contraproducente hasta un comentario fuera de lugar, pero nunca como lo que sucedió hace un par de semanas acá en la Tijuana arrabalera.

Hace un par de meses una compañera y amiga de trabajo realizó un reportaje muy interesante sobre el contracultural Aldous Huxley y su breve estancia por Tecate, un municipio pequeño de Baja California.

En el texto mi compañera retrata una parte no tan conocida de la vida de uno de los principales estudiosos del LSD pero, dentro de la emoción encausada, tuvo la discrepancia de atribuir un libro a este investigador cuando en realidad corresponde al master Ray Bradbury.

El texto tal cual, que se supone pasó por los ojos de los editores, se publicó en el periódico La Jornada a nivel nacional y, más allá de los comentarios contrariantes por tal equivocación, mi amiga fue la primera en tomar la palabra para reconocer el error públicamente y disculparse por ello.

El público lector entendió el detalle y, fuera de condenar, compartieron el texto bajo la premisa de que se trataba de un aspecto no tan conocido del autor de “Las puertas de la percepción” y que el error no demeritaba el texto bien escrito y con investigación de fondo.

Lo anecdótico del caso fue que un reporterillo, de la fuente cultural de uno de los semanarios más conocidos de Tijuana, comenzó a llevar el caso a modo de carrilla y un tanto más a situación de burla y señalamiento.

Constantemente le escribía vía Facebook para hacerle saber sobre aquel error cometido, pero cada que pasaban los días la carrilla se convertía en motivo de alarde como si el vato estuviera envidioso de ver a una chica publicando en uno de los diarios de mayor circulación en el país.

Cuando mi compañera me comentó sobre el hecho de inmediato pensé que el vato efectivamente estaba ardido por pensar que “una morrita” había logrado lo que quizá él siempre había estado esperando: que lo leyeran en varios rincones del país.

Pasaron los días y una mañana, mientras revisaba el Facebook, me di cuenta que uno de los integrantes del grupo de Periodismo Rock, del cual soy parte, había compartido un texto referente a la charla de rock que el escritor Xavier Velasco ofreció en su última visita a Tijuana.

El texto, que fue portada en el suplemento Milenio Dominical del periódico Milenio, estaba siendo rotundamente criticado por cada uno de los miembros del grupo y me dio curiosidad el hecho.

Algunos comentaban la falta de conocimiento sobre el tema que Velasco había tratado en la charla y los más criticaban la falta de redacción y concreción de las ideas contadas.

Me di cuenta entonces que dicho texto era de la autoría de este reporterillo tijuanense que labora en el semanario de mayor tradición en las Tijuanas, y al leer el texto pude comprobar entonces por qué se habían vertido aquellos comentarios tan críticos y tan certeros.

El reporterillo había cometido la tremenda osadía de confundir… no en confundir, sino en inventar y atribuir el nombre de “A través del vaso” a una de las canciones más famosas de la banda Caifanes, la cual en realidad se llama “No dejes qué”.

Obviamente la banda rockera condenó tajantemente el hecho y los comentarios de los especialistas, además de los seguidores de la banda, no se hicieron esperar denotando una falta de sensibilidad, investigación y conocimiento del reporterillo en turno.

Yo estuve en aquella charla que Xavier Velasco ofreció en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), en la que el escritor después de 13 años volvió a comentar sobre sus andanzas dentro del rock mexicano.

Velasco había asistido a esta ciudad para compartir una charla rockera en apoyo a la que fuera compañera de vida del periodista y cronista musical Octavio Hernández, amigo del autor de “Diablo guardián”, quien había fallecido unas semanas atrás.

Durante la charla Velasco comentó algunas de las anécdotas que personalmente le tocó vivir al lado de Saúl Hernández y los Caifanes, en las que le tocó ver y experimentar muchos de los altibajos que la industria musical había propiciado gracias a esa visión estructuralista y comercial que comenzaba a establecerse.

El error de este reporterillo no solamente fue haberse equivocado en el nombre de una canción de Caifanes, sino el haber dado como máximas algunas de las sentencias de Xavier Velasco en un texto que estaba tremendamente mal redactado y que no terminaba por ser una crónica, ni mucho menos un reportaje de investigación.

A lo mucho el texto respondía a una nota, valga la redundancia y repetición, mal redactada de quien a lo largo de su vida ha estado sumergido en esa visión cuadrada y acartonada del diarismo de datos y declaraciones, nada de contexto (ahora entiendo por qué el término de “crónica narrativa” le parece “algo redundante”).

El vato todavía tuvo la osadía de compartir su … “texto”…  a través de sus redes sociales cuando ya tenía un sinfín de comentarios despectivos sobre la carencia y capacidad de redacción y manejo de la información.

En cuanto me enteré del hecho no dudé en escribirle y comentarle la noticia a mi compañera, reímos tanto por aquella noticia y no dejamos de comentar el hecho durante varios días.

Hasta la fecha a mí me sigue causando risa que aquel reporterillo haya quedado tan mal parado a nivel nacional, lo que tanto ansiaba, y que aun así siga con ese espíritu animoso, pretencioso y mamonsón solamente por laborar en uno de los semanarios más importantes y reconocidos de Tijuana.

Entre el gremio de periodistas a veces se dice que “perro no come perro”, pero lo gacho es que a veces hay chihuahuas que ladran mucho y abren tanto el hocico que terminan mordiéndose su propia cola. Eso, señores, se llama karma, y solamente a los argüenderos les pasa.


Foto: tomada de Internet.

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