El primer reconocimiento notorio del homosexual como un sujeto transgresor en nuestro país sucede el 20 de noviembre de 1901 con el escándalo del Baile de los 41:

El 20 de noviembre de 1901, en la calle de La Paz, la policía interrumpe un baile de homosexuales y travestis, entre ellos vástagos de Familias Distinguidas de la dictadura de Porfirio Díaz. Al instante, la redada adquiere perfiles legendarios: a la mayoría de los detenidos se les envía a trabajos forzados en Valle Nacional, en Yucatán, y, según el nunca desmentido rumor público, uno de los asistentes, liberado de inmediato, es don Ignacio de la Torre, el único yerno de Porfirio Díaz. Algunos de los bailadores huyen por las azoteas, otros compran su libertad, y el resto barre las calles rumbo a la estación del ferrocarril, una costumbre [de corrección y disciplina] de la época.

El número 41 representó para la sociedad mexicana porfiriana y la posterior, la cifra del desdén, de la burla y la vergüenza. El baile de los 41, es un acontecimiento histórico de trascendencia ya que puso sobre la mira social la figura y práctica del homosexual, y no sólo eso, evidenció cómo el acto transgredir es incluso llevado a cabo por clases sociales no pertenecientes a los “ceros sociales”, como lo eran en aquellos días el indígena y la prostituta. El suceso tuvo tal resonancia en la sociedad que hasta el grabador, ilustrador y caricaturista hidrocálido, José Guadalupe Posada, dedicó una serie de por lo menos diez grabados, donde fija la imagen del popular evento, uno de estos trabajos sirvió para ilustrar la noticia publicada en el periódico Hoja Suelta, que bajo el encabezado “Los 41 maricones encontrados en una baile de la Calle de la Paz el 20 de noviembre de 1901” narraba lo acontecido.

Posada ilustra a los bailadores en su obra como caballeros burdamente travestidos, como “fenómenos”; les conserva el bigote y patillas para evidenciar su condición masculina, pero a través de las faldas, gestos y ademanes señala su naturaleza de “invertidos”, con la que los asocia como homosexuales de clase baja que danzan  felices hacia el repudio de familias y del medio social. El título del grabado asegura “Aquí están los maricones / muy chulos y coquetos”, y los versos adjuntos a éste cuentan el “gran baile singular”:

 

Cuarenta y un lagartijos

disfrazados la mitad de

simpáticas muchachas,

bailaban como el que más

la otra mitad con su traje.

Es decir de masculinos,

gozaban al estrechar

A los famosos jotitos.

 

 

 

 

 

 

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