El automóvil gris, película silente rodada en diciembre de 1919 por Enrique Rosas, fue el primer largometraje mexicano de ficción criminal en ser objeto de censura. El argumento de la cinta se centra en un grupo de criminales, vestidos con uniformes militares del ejército constitucionalista, bien organizados, sin escrúpulos, que incluso cuentan con nexos con el organismo policiaco en turno, que propiciaron una ola de crímenes y robos en casas de ricos, a bordo de un automóvil gris, que aterrorizó a la ciudad de México por el año de 1915.

En la realidad, la célebre banda de malhechores y sus fechorías fueron verídicas. Rafael Aviña señala que en ese 1919, Enrique Rosas decide integrar a su cinta, una escena real del fusilamiento público, llevado a cabo en 1915, de seis de los integrantes de la banda que inspiran la historia, logrando una incomparable e histórica fusión entre cine ficción y cine documental:

La banda estaba integrada por Higinio Granda, Enrique Rubio, Luis Hernández y otros ladrones apodados el Pifas y el Gurromino. Su modus operandi era recorrer las calles de la ciudad y espiar las casas de empresarios y otras familias adineradas en ese México posrevolucionario demasiado inestable. Una vez seleccionadas sus víctimas, se valían de órdenes de cateo expedidas por altos mandos militares. Lo interesante de la película es que fue filmada en los escenarios donde sucedieron los crímenes, incluida por supuesto la cárcel de Belén, donde se llevó a cabo el fusilamiento de los ladrones.

El automóvil gris representa, continúa Aviña, una vocación realista-documental: “con una muerte real mostrada en pantalla, inserto proveniente de una imagen documental”; quizá se trate de la primera película snuff mexicana. Cintas posteriores como El tren fantasma (1926) y El puño de hierro (1927), ambas del veracruzano Gabriel García Moreno, son sólo dos ejemplos más del cine de ficción que encontró en la criminalidad de la época inspiración para construir una trama que sería un género bastante explotado en décadas venideras.

La censura, concretamente la ejercida sobre El automóvil gris, tenía un fondo político. Se creía, de acuerdo con García Riera, que el general Pablo González, aspirante a la presidencia del país en aquellos días y productor asociado del mismo Rosas en la Azteca Films (casa productora de El automóvil gris), era el agente encubierto de la banda. En el plano institucional, la cinta quebranta el artículo noveno del RCC, ya que ofrece una detallada descripción de criminalidad y ofensas a la moral: “Quedan comprendidas en las prohibiciones de este artículo las cintas o vistas que presenten un detalle del modo de operar de los criminales, cuya impresión general sea la de la supremacía criminal, ya sea por su inteligencia, por su fuerza o por cualquier otro motivo que pueda inspirar simpatía sobre las personas o hábitos inmorales de los personajes”.

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