Morelia es una ciudad increíble. Las normas que regulan y mantienen en orden al universo aquí no aplican. La costumbre, la ley, la tradición extranjera, todo importa muy poco en cuanto llega a la ciudad.

El gran valor de los conciertos organizados por Sofar a nivel internacional es uno y solamente uno: mantener el secreto. Toda una vida haciendo las cosas a escondidas. Una propuesta que le da al público que disfruta de sus conciertos, secretos y privados, una sensación de exclusividad y morbo que no se da en los conciertos comunes.

Hasta ahí todo estaba bien. Las cosas seguían su curso natural y no había lugar para la alteración de las normas del proyecto. Pero luego todo esto llegó a Morelia y, como sabemos, nada fue como debía ser.

A semanas de que la noticia de un Sofar en Morelia llegara, ya todos sabían una de las bandas que iba a tocar y en dónde. Además de que la noticia le sonaba falsa a mucha gente. “Como pues va a venir un concierto de esos a Morelia, eso solo pasa en otros países”, decía alguien en internet. “De seguro va a tocar Juan Álzate o esas bandas que tocan cada finde”, dijo otra persona. Luego alguien remató diciendo que iba a salir Luis Miguel gordo y pedo, al final del concierto, con eso de que tocaba aquí mismo ese día.

Lo cierto es que la noticia sonaba rara, por qué traer esa plataforma internacional a una ciudad que estaba tan manchada por la violencia y la corrupción. Si bien ya se habían hecho varios Sofar en el DF, en Michoacán sonaba muy azaroso. Pero, “no le vimos nada de malo a Morelia, al contrario, la ciudad está hermosa. Cuando nos propusieron traer al Sofar aquí, nadie dijo que no. Se lo propuse a la encargada y mira: ya estamos aquí”, me dijo la organizadora. Era una chava chiquita, blanca, bonita y seria. Tenían todo bien planeado y se les notaba un modo diferente de organizar las cosas. Muy distinto al estilo local, en donde ves a los organizadores apurados, estresados, a las carreras y ya después del evento, tome y tome en una esquina; y solo tranquilos después de que todo termina.

Acá todo fue hecho de otra forma. Cuando llegué y dije que venía de prensa, por parte de Satélite, se alegraron y me trataron increíble (no digo esto por mamón, al contrario, al menos a mi, nunca me habían tratado distinto por pertenecer a algún medio. Cosa que me sorprendió). Me llevaron directo a la zona de cerveza helada y luego a una terraza bien decorada. Ya ahí descubrí que no era un trato especial el mío, nada, así trataban a todos. Y eso estaba muy bien, muy cómodo. No se trataban de ganar a la gente, simplemente eran muy cordiales.

Según esto, se saturaron las peticiones para entrar al evento. El mail ya iba por las quinientas peticiones, dijo un morro de la organización. “Esos ya los acomodamos para el siguiente”, remató.

Algo que esperaba era encontrarme con la gente de siempre, ese mismo público que mantiene a los eventos independientes en Morelia vivos. Esa gente que semana a semana comparte tanto tiempo entre ellos que ya todos son amigos. Acá no, no estaban. Había algunos, pero muy pocos. Por un lado me pregunté si había alguna actitud elitista que no permitiera que entraran, pero luego se me fue la paranoia a ver a algunos mas. Además de que estaba bien que fuera un público distinto el que disfrutará de bandas como Expedición Humboldt, gloria local.

Así empezó el evento, con el segmento de cuerdas con el que siempre inicia sus conciertos Expedición Humboldt y un público distinto sorprendido por los sonidos de los michoacanos; además de la voz de Aquiles y Kristell que se la aventaron únicamente con guitarras en mano. Tres canciones. Solo tres. Pero las suficientes para generar un gentío de espectadores que atascaron la pequeña casa en el callejón del romance y que hicieron que los organizadores ya no pudieran dejar pasar a nadie. Entre canciones no faltaba el que seguía hablando de la peda y jodía todo, pero los callaban rápido y el show continuaba.

Luego de que Humboldt terminara, la masa de gente se fue directo a las cervezas y luego a la terraza. Seguía otra banda michoacana y cuando los estaban anunciando, el guitarrista salía corriendo por la puerta principal. “Ni madres, aguántenme, me estoy cagando“, fue lo ultimo que dijo. No se le vio en un buen rato. Tuvieron que llamar a la banda que cerraría, Los Mind Lagunas. Defeños, ya grandes, con bataco brasileño y un hombre muy talentoso encargado únicamente de la armónica. Un funk básico y un blues acelerado hicieron que la gente sentada dijera “” con la cabeza que seguía el ritmo de la batería.

Luego de eso, silencio. Las cervezas agotadas y todo el mundo asegurando after en casa de quién sabe quién, hija de quién sabe qué político. Después apareció el michoacano olor a mota y los sonidos de la tercer banda, los Sons of Rother. Todos bonitos, pachecos y colocados. No eran para nada la mejor banda de la noche, pero lo hicieron bien y lograron que nadie se fuera antes de tiempo. En gran parte por la vocalista invitada que traían, Melania Perincanto. Que, pues bueno, es imposible no quedarse a verla. Canta muy bien, además.

Así acabó el primer Sofar Morelia, muy a la defeña: temprano. Eran las 12 y todo ya estaba hecho. Interesante, distinto, diverso y cómodo, más que nada. La mayoría de la gente estaba bien entrada para seguirla y los organizadores traían la cara de satisfacción de una niña que logró tener un auto y un viaje, en lugar de una mugre fiesta de XV años. “Solo habíamos hecho Sofar en Jalisco. Pero nada más. Nos encantó como respondió la gente aquí en Morelia. Sin problemas seguimos haciendo esto aquí”, me dijo la organizadora.

Lo mejor fue cuando me contó que planean hacer uno cada dos meses. Así que para Abril sería el siguiente. Esperemos. Los michoacanos nos emocionamos muy fácil. Y quien quita y las bandas de acá se vayan a sorprender a otros estados.

Ojalá.

Y ojalá haya más música. Quizá es la regla, pero tres canciones de cada banda es bien poquito. El ambiente estaba perfecto para quedarse ahí mucho mas rato.

Cuando todo había terminado, había gente a carcajadas, un niño dormido en un sillón, botellas de Indio en todos pinches lados, como quinientas cámaras, y ese sonido que parece una colmena activa de mil abejas de la gente platicando la experiencia nueva en Michoacán.

La muy muy buena galería fotográfica del evento está justo Aquí

Dekis Saavedra

 

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