X. Sonidos

La vieja costumbre de intentar comparar el sonido de las bandas nacionales con el sonido hegemónico de las bandas internacionales es una de las más patéticas costumbres del periodismo musical. Es lo que más daño le puede hacer a una escena musical, esa vergüenza por el sonido propio o menos conocido, o nuevo. Cuando leas una reseña en donde digan que tal banda local suena a, por ejemplo, una mezcla entre Interpol y The Strokes, huye de eso y usa tu tiempo en asuntos más interesantes.
Las bandas que vimos en #LaGranFiesta de Salvajenada eran tan distintas y con un sonido tan propio cada una, que resultaría estúpido compararlas con algo más que no sean ellas mismas. Expedición Humboldt solo suena a Expedición Humboldt. Macross solo suena a Macross. Neon Overdrive solo suena a Neon Overdrive. Nada se repite. Atrás quedaron las épócas del screamo, donde las quince bandas de un festival tocaban exactamente la misma canción.
Lo que vemos en Salvajenada es más un ejercicio fuerte y certero por curar bien las propuestas que vienen, que un intento por generar público fácil. Ahora, vamos a lo importante de este sábado: Jeudi ya no es suficiente. El matrimonio entre este cine independiente y Salvajenada está agotado, al parecer. Tuvieron hijos hermosos, pero realizar más eventos juntos puede asegurar, sin duda, éxitos seguros, pero ya es hora de algo más. Es hora de un lugar lo suficientemente grande para no tener que dejar a la gente afuera por el lleno total. Primera vez que pasa esto, me dijo Mauricio, miembro de Salvajenada; cierto, era increíble ver a tanta y tanta gente desesperada por un boleto en la entrada de Jeudi. Y eran casi cien personas, entre los que se iban resignados y los tercos que esperaban que algo cambiara.
Agotado, no pueden acceder ya, decía el policía en la entrada. Nadie se lo creía y muchos se quedaron horas esperando a entrar. Ya adentro, el gentío, el amontonadero, el calorón asesino. Cosa de veinte segundos para ya estar bien bañado en sudor. El foro estaba tan caliente que la velocidad de la luz llegaba mas despacio y todos veíamos el concierto con medio segundo de retraso. No había necesidad de drogarse para percibir una experiencia muy distinta a la de cualquier concierto. Nadie se ha peleado en un Salvajenada, afirman sus organizadores, reina el estado buena vibra, dicen. Cierto.

XX. Salvajenada

“¡Mi mamá ya vino por mí. Llévenme hasta la salida!”.
-Un morro de unos 20 años en el escenario, pedísimo.

Pensé que nadie lo iba a cargar. Pensé que si lo cargaban, lo iban a terminar lanzando por una ventana. Pero el tipo se lanzó al público y, entre las manos de todo el público, llegó hasta la salida. Jamás veré algo así de nuevo, pensé. En cualquier otro lugar lo bajan en chinga del escenario, lo golpean los de seguridad o el público lo avienta al piso. Salvajenada, ya más establecida como una institución y un poco menos como blog, está logrando, quizá sin quererlo, crear conciertos épicos que van muchísimo más allá de los sucesos en el escenario y la taquilla. Si los demás traen bandas quemadas y conocidas para sacar billete, acá es al contrario.
El dinero es un medio, no un fin.

Salvajenada - Little Jesus-0864

Reconocidos ya en ciertos círculos musicales del país y siendo mencionados en Europa por su calidad a la hora de armar eventos, Salvajenada mantiene el espíritu inicial. Colectividad, calidad, respeto al público y una buena vibra que nadie que haya estado en un evento de ellos va a poder negar. Con esta premisa, Salvajenada ya no busca gente que acuda a sus eventos, generaron un público increíble de la nada. Están creando eventos verdaderamente legendarios y su expansión a eventos más grandes es inevitable. Pongámoslo así, pueden seguir siendo como Beyoncé y cosechar increíbles anécdotas durante un tiempo o explotar a lo grande como Madonna y consolidarse como nadie lo ha hecho en Michoacán.
Pasar a la historia, eso es lo que falta. Y eso es lo que se viene. Cuando nos imaginamos a los organizadores armando el cartel para las Salvajenadas resulta difícil no pensar en que lo hacen rodeados de peluches, con bolsas infinitas de dulces y cabalgando camellos morados con peinados ochenteros y olor a chicle. Hay un aura de santidad e inocencia que no los ha abandonado con el tiempo. Han crecido, claro, después de tantos eventos, pero siguen siendo jóvenes tanto en lo físico como en lo mental. El espíritu se agradece y brilla en cada cartel, desde el diseño hasta la estética y las maneras del colectivo/blog para promocionarlo.

¿Lo que sigue? Pensar en un festival completo. De mas bandas y quizá en más días. Salvajenadizar el terreno que les falta, pues. No imponer, pero sí esparcir su teoría que siempre ha sido tan básica e importante como la de Jesucristo: esfuérzate por acceder a lo que te gusta.

Salvajenada nace justo en los tiempos de la guerra contra el narco. En medio de todo eso han habido once Salvajenadas y miles de muertos en Michoacán por la violencia. Una cualidad muy triste de los cadáveres es que estos ya no sudan. Y en los Salvajenada todo el mundo suda y grita y se divierte. Si hay algo aquí, es vida.

XXX. Público

Centrémonos en un personaje del público. Es pequeño, medirá un metro sesenta. Chaparrito. Trae barba y bermuda negra. Le llega a los codos a todos los demás. Pagó su boleto como cualquiera y se instaló en el escenario principal. Ve muy poco del escenario. Gracias, dice, gracias a que por fin pusieron una tarima, ya era mucha gente la que nos perdíamos del asunto. Está tocando Vaya Futuro y el chaparrito brinca y brinca. Le llueven codazos en la cabeza. Lo patean. En un momento se pone de puntitas para ver a los músicos y una chava le apaga un cigarro en la oreja sin querer. La piel se le tuesta y el sudor que le cae de la cabeza le arde como ácido en la quemada. El chaparrito grita y la chava se disculpa. No hay pedo, le dice. Sigue feliz, salte y salte. Se agarra la oreja y se pone de puntitas para jalar aire. Lo tumban en el eslam, cae por allá por la bocina. Se le sale un tenis. Alguien lo levanta y le ayuda a buscar el tenis. Lo encuentra y ve un hueco para colarse hasta adelante. Queda justo en la segunda fila, aún así la gente de la primera fila es muy alta y ve muy poco. No hay pedo, dice de nuevo, con que vea bien a Los Little Jesus. Se conectan, empiezan a tocar y el chaparrito sale disparado hacia atrás. El público es una licuadora rota que saca volando sudor, gritos y codazos. Por allá, a lo lejos, alcanzo a ver al chaparrito todo contento brinque y brinque de vuelta. Se hace hueco entre las piernas de todos y se vuelve a plantar hasta adelante. Le hago aire con mi gorra y empieza una nueva canción de la Little Jesus, salimos los dos volando hasta atrás. Caemos por allá lejos. El chaparrito se regresa con la oreja quemada, la cabeza llena de codazos y el sudor empapándole todo. No vino a ver a Little Jesus como para resignarse a no estar hasta adelante.

Salvajenada - Little Jesus-1167

XXXX. #LaGranFiesta

Macross se pasea por los pasillos de una casa vieja frente a Jeudi con una sonrisa por haber ganado el trofeo de Mario Kart. Una idea increíble, dijo. Dos horas después estará en el escenario Nada explotando las bocinas con música asiática y visuales de Evangelion. A un cuarto de donde Macross está caminando, se encuentran dos miembros de la Little Jesus con playeras del Chivas. Saben que ese equipo está casi vetado en la ciudad y que no irle al Monarcas significa también estar en contra del Monarcas. Por lo tanto, estar en contra de los morelianos. No se ofenden, les da mas bien risa. Se frustran por problemas con los cables y alguien por ahí pone música de los Backstreet Boys. Dos tres mujeres drogadas bailan. Todos se divierten. Asomándose por el balcón de ese mismo cuarto se alcanza a ver al bajista de Vaya Futuro afinándose en Jeudi. Tienen el foro lleno y a la gente le urge brincar y sudar con todo. En veinte minutos darán un espectáculo de reverbs y guitarrazos que tendrán a todo el mundo preguntando quiénes son esos y de dónde son. De Chihuahua, creo, dice alguien. No, son de Tijuana, corrige uno de los organizadores de Salvajenada. Más al fondo, un cuarto a la izquierda de donde está el bajista de Vaya Futuro, están Los Minor Shadows. Sudán y están cómodos después del set que se aventaron. La gente sigue contenta por verlos. Bajando por las escaleras donde termina de sudar el baterista de Minor Shadows está Cuauhtli Bacilio, el nuevo guitarrista de Expedición Humboldt, por mucho un levantón de calidad para la banda. Sonríe por la experiencia de tocar con Humboldt por primera vez en un Salvajenada y choca cerveza con Walter Esaú, hombre que abrió #LaGranFiesta como todo un caballero: certero, tranquilo, confiado. Trae una camisa del Monarcas, que por fin anotó goles. Se afina el bigote y estornuda. Le alcanza a caer saliva al baterista de Little Jesus que va subiendo las escolares para ir a escuchar a los Vaya Futuro. Corre escalones arriba y choca con Neon Overdrive que viene bajando en chinga por que le avisaron que el Dj set de Little Jesus nomás no se pudo. Y que ya le toca. Saca su equipo completo y se enfunda un pasamontañas negro y unos lentes. Macross, cansado de esperar el set de Neon Overdrive, se coloca hasta adelante y le remata a alguien al lado suyo: cómo se la están rifando en Michoacán.

Dekis Saavedra

Fotos de Janik Frías.Toda la crónica gráfica de #LaGranFiesta la encuentras ACÁ

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