1.
Viernes 13. Falta poquito para que Juan Cirerol se trepe al escenario Rockampeonato Telcel. Es un viernes lleno de nube negra y el gentío ya se amontona para ver al poeta de un montón de drogas en el Vive Latino. Toca ahí por tercera vez. Se le ve más flaco, pero conserva panza y espalda tronca. Trae una chamarra café de las que traían los Almada y una finta de canalla de un western de los setentas. Su cabello a vuelto a crecer y poco queda de ese Cirerol chiquito que empezó a tocar o de ese hombre rapado y punk que gritaba “quiero estar muerto” en su último disco independiente: el Cachanilla y Flor de Azar. Poco celebrado, pero poderoso.

Ahora, el emperador de Mexicali se muestra cambiado. Ya tiene un nombre grabado en la historia y no tiene necesidad de volver a tocar en un puesto de tacos en su vida. Sobre sus hombros se recarga una reputación de adicto que va y viene, la imagen de un hombre que se ríe a carcajadas pero se emperra fácil, sobre todo en las redes sociales. Trae tras de sí unos veintisiete años llenos de anécdota, experiencia callejera y crítica voraz. Ya se la sabe. No suda por nada que no sean las luces y el calor del escenario.

A pocas horas de su primer tocada en un Vive, ya como miembro firmado por una disquera pesada, Cirerol reflexiona y decide tatuarse por primera vez. Brazo izquierdo. Entre el codo y la muñeca. Quién sabe qué se puso. Se tatúa ahí mismo en el festival, en el trasero de los escenarios. Los de Ink Inc andan tatuando a los músicos y Juan no se raja. Sube al escenario que ya está atascado de gente y él y su guitarra explotan el sonido del lugar y separan dos tres nubes prietas.

Ahora que firmó con la disquera gigante: Universal, Cirerol se ve más calmado. Se le lee mas tranquilo y bien cómodo con los medios. Lejos quedó el monstruo que gritaba “¡Satanás!” en los conciertos, aunque seguramente volverá algo de eso. Su nuevo disco, Todo Fine, se posicionará sin problema en radio y televisión, también en la prensa escrita que lo quiere mucho a pesar de todo. Se le ve un futuro prometedor al cantante que a nada estuvo de no contarla o ser despedido.

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2.
Su nuevo disco, sin embargo, demuestra qué tanta letra pequeña traía el contrato con la famosa disquera. Todo mundo esperaba un disco guango y adornado, se sentía que Cirerol había firmado con otro tipo de diablo al aceptar parranda con una empresa de tentáculos tan grandes. Nada hay de eso. Cirerol sigue siendo Cirerol en este nuevo disco. Su voz está idéntica y sus letras, aunque más blandas y melosas, siguen registrando su sello pesado e incomparable. Nadie va a poder decir con firmeza: esto suena a otra banda, ya canta como este otro. Nada. Poca gente puede presumir un estilo bien propio y Juan se mueve ahí sin fallas.

Los temas de su nuevo disco muestran a un hombre mas maduro y contento. ¿De dónde vendrá esa felicidad? Quién sabe. Pero lo que sí sabemos es que un contrato así trae buen dinero y buenas amistades. Seguridad es la palabra. Por eso la sonrisa del norteño al tirarse al piso, con batería y bajo atrás, en este último festival. Un tema destaca, ya conocido: La Florecilla. Primer single. Con video y todo. Masterización increíble y una letra certera y festiva:

No tengo pasado ni presente,
no tengo día pa cuando llegar.
Ya llevo un rato que ando ausente
buscando mi verdadero hogar”.

Si esta letra se la hubiera aventado el Piporro o Jorge Negrete en sus películas hubiera pegado en el siglo pasado sin problema. Localista, pueblerina: muy del norte; un tema perfecto para escuchar tanto en los pueblos y ranchos, como en las tardes de granizo o sol quedito en la ciudad. Un single poderoso que habla de un cariño muy grande por una mujer aun desconocida:

Ando buscando una florecita
pa que me quiera y yo quererla.
Para besarla de pies a cabeza,
llevarla a Guaymas para pasear
“.

Pasarán décadas antes de que alguien vuelva a mencionar a Guaymas en una canción mexicana.

Después siguen temas que se notan fueron bien embonados con los gustos de la disquera: Arrepentido y triste, Me empiezo a enamorar y Mi morra ideal. Temas que sacan al Juan mas meloso y encariñado desde I Love you, tema del Ofrenda al Mictlan (2009). Todo contrato exige lineamientos y estos temas son muestra de que se prefirió, obvio, temas románticos que lleguen a más gente y vendan más que los narcocorridos o las canciones sobre drogas que se venia armando Cirerol en discos anteriores. Pero esto no es un tropiezo. Le pasó a Johnny Cash con Sun Récords y le pasó a Muse cuando firmaron con Warner. Pero no por eso la música de Juan se ve comprometida o completamente modificada para la radio.

Un tema inteligente y festivo que demuestra una evolución en Cirerol es El Farsante. Tema que introduce por completo la mancuerna entre el cantante y una banda de apoyo detrás de su guitarra. Un acordeón, un bajo seco y una batería brillosa hacen que la voz del cachanilla resalte y resulte posible para lograr un en vivo mas sonoro y completo en su nueva gira. Ya nada del puro Juan solito. Quién haya tenido dudas de si era bueno meterle instrumentos a la música de Cirerol puede estar tranquilo. Suena muy bien. Amarra todo. Lo mismo se puede decir de En dónde estás, un tema que hace que la cadera se mueva quedito y el pie derecho marque el ritmo. Un tema que bien puede encajar en una boda de rancho o en un restaurante vegano.

Luego viene la parte triste y melancólica del disco. Se posicionan de inmediato dos temas: Entre rincones, con un órgano muy Los Ángeles Negros y una letra llena de soledad y añore. Luego destaca Carta a mi padre. Aquí hay que detenernos. Este tema tiene mas carga y significado que cualquier otra canción de la discografía de Cirerol. Menciona a su padre, por fin. Y a quienes le han preguntado por su infancia o su vida adolescente reciben por respuesta que su padre nomás no estuvo. Cirerol siempre responde esto entre risas y no cuente mucho del tema. Siempre habla de su madre, amigos y su familia, hasta ahí. Por fin llegó un tema para su padre y, para sorpresa del Cirerol fiestero, resulta bastante sincero y honesto:

Te doy gracias de verdad,
donde quiera que tú estés.
Y el llanto empieza a salir,
Espero estés orgulloso de mi
“.

Piso de Piedra y Trucha porque no hay tiempo son las otras canciones que le dan estructura a un disco que tardó años en salir y que tiene nomás diez canciones que pudieron haber sido cincuenta. Así que fue hasta este 17 de febrero que se destaparon por fin los rápidos 36 minutos que dura el disco que mantiene a Cirerol en el circuito y que lo pone en una posición cómoda para seguir creando. Él mismo asegura que tiene temas suficientes para grabar otros cinco discos seguidos.

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3.
Después de cuarenta minutos en el escenario hirviente del Vive Latino, Cirerol se ve cansado pero agradecido. La mayoría de sus temas son clásicos de los discos anteriores y muy poco hay del nuevo disco en su presentación en vivo. El Juan Cirerol que uno escucha con audífonos o a todo volumen en la peda es muy bueno, pero no se le acerca nada al Juan Cirerol en vivo. Ese es el que explota, el que se carcajea y pone caras de poseído. Que los éxitos de este disco sean canciones que ya se conocían y que recicló Universal también dice mucho. Si bien lo produjo Mark Monster de la Agrupación Cariño junto con Toy Selectah, no se nota demasiado la mano de estos. Por eso el disco es un inicio grande e imponente que deja atrás al Cirerol independiente y deja también más dudas a futuro que respuestas. Qué tanto aguantará Juan los lineamientos. Qué tanto aguantará la disquera los arranques de Cirerol. Qué tanto de esto sabrá el público.

A esperar y disfrutar del Todo Fine, del Cirerol en vivo y de todas las otras joyas que Juan sacó desde abajo hasta la cima. Y lo que viene.

Dekis Saavedra

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