Calificación

5

El pasado 31 de mayo Kathy Griffin fue objeto de la ira mundial cuando se dio a conocer una foto tomada por Tyler Shields en la que simulaba haber decapitado a Donald Trump.  La obra es escandalosa por su naturaleza gráfica, sin embargo la carencia de habilidades de Shields para tomar un resentimiento social y convertirlo en una verdadera declaración artística evitó que pudiera ser apreciada de manera objetiva.

Al igual que Shields el comediante Jordan Peele dirigió la película Get Out explotando una problemática social con una finalidad escandalosa pero evitando analizarla con profundidad, aunque a diferencia del fotógrafo, Peele ganó aplausos y reconocimiento internacional.

La película nos cuenta la historia de Chris, un chico afroamericano que al visitar a la familia (blanca) de su novia Rose Armitage vivirá un fin de semana infernal.

Get Out se inspira en la revitalizada tensión racial que existe en Estados Unidos para construir un hibrido que intenta ser una película de horror con algunos toques humorísticos, buscando como resultado una sátira social extrema.

Desde el inicio la falta de relación entre Jordan y el horror es evidente. La película sigue todos los clichés del género sin darles un toque especial, abusando de los “sustos repentinos” y música incidental genérica.

Además la historia tropieza con los típicos errores de continuidad que hacen de la mayoría de las películas de horror malas bromas. Una de las analogías más importantes de la película, en la que se supone el protagonista se salva de ser hipnotizado poniendo algodón en sus oídos, resulta atropellada por lo inverosímil  del momento, (por la situación en la que se encontraba Chris era imposible que pudiera lograrlo).

Las imágenes y la trama tienen la pretensión de emular los juegos psicológicos de David Lynch, pero la pobreza de la  narración resulta en secuencias dispares y en una historia que a pesar de jugar con cuestiones psicológicas complejas como el hipnotismo se limita a la carnicería simplona y lineal.

En la parte de la comedia es donde el director demuestra sentirse más cómodo y aunque consigue crear varios momentos graciosos estos no aportan nada a las intenciones de indagación social sobre el racismo en Estados Unidos.

Al contrario alejan a la película de sus intenciones y la acercan más a parecer una nueva Scary Movie.

 

Otro de los principales problemas con la película es que su comentario social es vago. Los estigmas que han  atormentado a la comunidad afroamericana a lo largo de los años son señalados pero no explorados.

La fascinación que la clase social blanca muestra con la comunidad afroamericana es exagerada de una manera grotesca digna del cine de horror, sin embargo este momento podría haber sido aprovechado para llevar más lejos el concepto o incluir analogías más contundentes con la realidad.

Asimismo tanto los personajes blancos como los afroamericanos son construidos con una superficialidad mediocre que impide al espectador analizar  las problemáticas raciales actuales.

El único comentario social relevante de Get Out llega al final de la historia cuando Sid aparece para salvar a Chris en una patrulla. Mientras que la luz de las sirenas en otras películas del mismo género significa el suspiro de alivio para el sobreviviente, en el caso de Chris representan, brevemente, una nueva amenaza.

La inconsistencia de la película y sus problemas de definición argumental se resuelven con un acto sangriento pero bastante complaciente.

Siguiendo la fórmula vengativa que dio éxito a Tarantino con Inglorious Basterds y Django, Jordan Peele convierte a su protagonista en una máquina asesina que arrasa con toda la familia Armitage.

Esta secuencia en especial es la que ha sido aplaudida por unos y repudiada por otros. No obstante por su carencia narrativa, al igual que la fotografía de Tyler Shields, su único logro es ser escandalosa.

La brutalidad policiaca, la ignorancia y  la discriminación disfrazada de aparente tolerancia son problemas que continúan aquejando en gran escala a la comunidad afroamericana, sin embargo películas oportunistas como esta que solo buscan explotar temas sin profundizarlos son problemáticas pues no aportan nada en la lucha por la erradicación de la discriminación racial.

Get Out fracasa como película de terror y como sátira social es vacía. Como comedia el único chiste gracioso que cuenta es haber conseguido ser considerada alrededor del mundo como una película de terror seria que trata problemas sociales actuales.

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