Venderme la idea de una serie sobre fútbol dirigida por Gary Alazraki es lo más parecido  a intentar venderle a un vegano una hamburguesa doble envuelta en tocino con centro de huevo estrellado, sin embargo la curiosidad de saber que saldría de la colaboración Netflix-México terminó por hacerme ceder.

Para mi gran sorpresa la primera temporada de Club de Cuervos terminó por atraparme y la segunda me pareció incluso una versión mejorada de lo que se propuso en un inicio.

Aunque tiene aún momentos en los que raya mucho en lo absurdo y la caricatura, el equipo detrás de la serie ha delineado muy bien los aspectos que quiere explorar a través de los protagonistas de la historia, lo que la convierte ,para mi gusto, en una trama bien contada que cumple con sus propósitos.

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¡La Salvadora Iglesias!

Dados los acontecimientos de la última temporada el siguiente paso natural hubiera sido darle a Isabel (interpretada de forma magistral por Mariana Treviño) todas las herramientas para que demostrara porque tuvo que ser desde un principio la presidenta del Club de Cuervos.

Por el contrario, se embarca a Isabel en un camino lleno de trampas y corrupción, en el que tiene que hacer hasta lo imposible por sacar al equipo del hoyo en el que los metió su hermano Salvador Iglesias.

El tormentoso viaje que eligieron los escritores para Isabel nos ayuda, por un lado, a verla más implacable que nunca pero también para conocer su lado más humano y vulnerable, algo que da credibilidad a su personaje ya que deja por momentos sus movimientos exagerados y caricaturescos para entregar escenas dramáticas muy conmovedoras.

Existen otras circunstancias que se atraviesan en la carrera de Isabel como un repentino embarazo y su decisión de abortar. Si bien este tema no fue tratado con la misma profundidad que shows como Bo Jack Horseman, donde se utilizó un episodio completo para analizar la situación desde todos los puntos de vista posibles, me parece revolucionario que en la televisión mexicana una mujer pueda decir “Pues sí aborté a mis 36 años y qué, muy mi pedo”, sin ser martirizada  o atormentada por esta decisión.

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El toque femenino se expande también a otros personajes como Mary Luz, una especie de mujer fatal que sabe muy bien hasta donde la pueden llevar sus encantos en un ámbito donde la mujer es vista sólo como un trofeo. Es interesante ver que no se limita a ser la chica guapa seductora, pues demuestra en varias ocasiones tener un gran corazón y ser también muy inteligente, ya que está siempre un paso delante de las personas que se quieren aprovechar de ella.

Gracias a esta forma de tratar personajes femeninos es evidente que detrás de las cámaras no se encuentran solamente un equipo de hombres. De hecho Mariana Chenillo es responsable de la dirección de varios de los episodios.

En lo personal, me parece muy atractivo y novedoso que en una serie sobre fútbol se dé tanta apertura a la voz femenina.

Hugo Sánchez…¿Con novia?

Uno de los detalles que no me gustaron en la segunda temporada fue el tratamiento de los personajes homosexuales. No me causaría problema que la única oportunidad para ver a Hugo Sánchez relacionarse con alguien sentimentalmente sea con una mujer o que se le den tres líneas de dialogo al único personaje trans de la serie si en el pasado no se les hubiera hecho fácil usar a estos como “payasos” de la historia.

Pienso que esa libertad creativa que se ve reflejada en el tratamiento de temas como el aborto debería también incluirse en el desarrollo de personajes homosexuales.

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¡Cuervos, Cuervos AAAARGH!

Hace poco leí que ninguno de los protagonistas (Mariana Treviño y Luis Gerardo Méndez) o el mismo creador Gary Alazraki tenían un acercamiento previo con la cultura del fútbol.Por esta justa razón el interés de la serie en denunciar la corrupción que se esconde detrás del  del fútbol, el latente machismo y la forma en que afectan los intereses económicos en el desarrollo de este deporte, hablan de un equipo creativo preocupado por desarrollar bien su historia y darle credibilidad.

Es muy entretenido observar la guerra que se desata entre los herederos Iglesias por estar al mando del Club de Cuervos, pero sin duda el gran plus de la serie y lo que la hace destacar entre otras producciones al menos mexicanas, es  la atención que dan a los problemas que aquejan tanto a este negocio como a los mexicanos en general, otorgando a la serie un trasfondo sólido que se impone a las constantes bromas, albures y humor “pícaro” que tanto caracteriza a la televisión y cine mexicanos.

Además de la oportunidad que se dio a mujeres de formar parte del equipo creativo, el actor Luis Gerardo Méndez también se aventuró a dirigir uno de los episodios que resultó probablemente en el más hilarante y arriesgado de la temporada, demostrando que  también podría tener un futuro detrás de la cámara.

Club de Cuervos es una gran apuesta de la televisión mexicana que se da la oportunidad de ser ridícula, graciosa pero jamás estúpida. Para gusto de que quienes como yo disfrutaron de esta nueva temporada, Club de Cuervos ha sido renovada para dos temporadas más y actualmente se encuentran en Netflix las dos primeras entregas.

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