Por Mostrencat

La infección de VIH es totalmente consiente, los practicantes del bareback saben que adquirirán el virus eventualmente. Es común encontrar en salas de chat, aplicaciones y grupos de conversaciones vía smart phone, las letras bb, que indican la meta del alquimista moderno que ha encontrado, en el VIH, la manera de diluirse con el preciado tesoro de sentir el contacto de otra piel humana y viva.

Así viven en tu ciudad cientos de personas que encuentran en la pesquisa del virus unas ganas totales de vivir. 

 No habrá más limites, ni corporales, mentales o sociales, porque es justo por lo que esta hermandad se creó, ante la falta de libertad, en las restricciones y normas aplicadas a  la práctica más natural y epítome de la libertad: el sexo. Donde se suponía que el placer siempre sería la prioridad, donde el límite era el deseo de placer.

Infectarse de VIH es un suicidio en el concepto general. Pero, ¿que es el suicidio sino la última manifestación de la libertad? Morir también se manifiesta en el tener que vivir una existencia anodina y asexuada. Renovarse o morir, el infectarse de VIH no es sinónimo de muerte, al menos no por ahora.

El bareback, como todas las prácticas sexuales, solo es ejercido porque la ideología detrás de esta está basada en el hartazgo de la lástima y rechazo pasivo que genera el ser VIH+.

Se dice que sus orígenes se remontan a una casa productora porno, Treasure Island, cuyas películas tienen como hilo conductor además del sexo homosexual, la erotización de los fluidos corporales.

Quizá, ser VIH+ signifique una sentencia de muerte para quienes estén acostumbrados a dormir a través de los cuentos de la vieja sociedad “moderna”, alabando a sus héroes de cuerpos vigorosos, buscando la perfección que sus viejas entrañas les obligan a encontrar, alucinando con familias perfectas hechas como modelos en serie, y esos sueños frustrados de una fábrica histérica, miedosa e inundada de soledad.

Infectarse para recibir el regalo puede doler un poco o nada, depende de qué rol estés jugando. Tu perspectiva de vida se dilatará tanto como la flexibilidad de los pliegues de tu piel lo permitan. Ya no habrá temor de infectarse o re-infectarse, quizá tus entrañas sean el cunero perfecto de una nueva cepa de virus.

La práctica del bareback incluye también el experimentar que el concepto de “familia” va más allá de llenar lugares en una casa hermosa, sellada en su hermoso embalaje, con sets y miembros que se venden por separado. En esta nueva familia, que se puede considerar más una hermandad, los lazos son mucho más fuertes, mas profundos y se respeta el derecho a poder ejercer el placer. Los límites entre sus integrantes solamente se definen por su disponibilidad para poder practicar el bareback sin tapujos o con reservas.

Tal vez el bb sea la manera de redefinir a la virginidad de este milenio, el ser VIH negativo. Quizá, como toda virginidad, solo signifique el paso a una nueva etapa de la vida, personal, social, cultural, el darse la libertad de observar que la vida esta compuesta de personas vivas, y como todo lo vivo en la naturaleza, con movimiento, un movimiento que ante el acorazamiento de la realidad impuesta, poco a poco, ha ido resquebrajando y colándose entre los remaches.

No hay miedo: ¿por qué? El virus es lo que se busca, para eso hay fiestas de ruleta rusa, algunos infectados, otros no, fiestas de conversión, cambiar una cepa por otra. El virus no solo representa el poder sentir libremente la piel de otro ser humano, el contacto con alguien que esta tan vivo como tú, sino que también es la manera de vomitar sobre toda la pena y lastima que la enfermedad acarrea, el mostrar el empacho a una sociedad que mas allá de incorporar victimiza, rechaza y excluye.

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