1.

No miden lo mismo y aún así se pusieron los guantes. Andaban por ahí aventados en una esquina de la casa. Con polvo. La peda estaba lo bastante aburrida para que una pelea animara todo. Nadie acá se raja, esto es Michoacán. El primer derechazo se clava en la oreja de Axel Catalán, gloria local de la música, no del boxeo. El otro derechazo va a la nariz del vocalista de Expedición Humboldt, Aquiles Merlos, pero se agacha y deja a Axel con la guardia baja. Le ensartan otro derechazo. Este se encaja en el pómulo. Axel se ve rojo y Aquiles como si nada. Se miden. Ni sabe boxear, pero se miden. Hacen guardia como si llevaran años metidos en los rings. Hay como seis personas viendo la pelea. Están en una cochera de suelo resbaloso. Aquiles intenta lanzar un recto pero se resbala. Axel aprovecha y le suelta un derechazo en la nariz. Aparece la sangre que se encaja en el piso de azulejo blanco. Esto parece la expo de Kusama. No va ni un minuto y los dos ya están jadeando. Alguien por ahí grita que ya estuvo, que no se lastimen. Su novio la calla. Aquiles escupe y quita guardia. Le atoren un recto en los colmillos. Como si nada, regresa un izquierdaso al hígado de Axel: apenas se retuerce. Algo pasa que no se quiebran. Vienen de colonias populares. Ya han pasado por todo esto. Aquiles tiene fama de enfadoso cada que ve guantes de boxeo. No le importa la vida, dicen. En un futuro se partirá media cara contra el cemento helado. Axel tiene fama de entrarle a lo que sea. Después de otro derechazo detienen la pelea. Una caguama, gritan. La condición física de ambos está delimitada por el consumo de rancheritos, mota y sexo aleatorio. No son batalla. Renuevan y se dan más rápido. Los riatazos retumban en la cochera y los vecinos se asoman a ver qué andan haciendo ahora en esa casa donde siempre hay un pinche escándalo. Axel sonríe con los dientes llenos de sangre y suelta el último putazo, pega en el aire. Aquiles ve la oportunidad de sacarle el aire del estómago a Axel y jala el brazo: suelta toda la fuerza en un solo puño y sale desviado. Ya no pueden. Los separan. Se abrazan. Se sientan a jadear y se comparten una caguama helada. Cada uno dice que ganó y justifican sus argumentos. Hacen buches de sangre con cerveza y lo escupen en una cubeta llena de agua de trapeador. Todo es sonrisa. Los guantes sudados y llenos de gotitas de sangre vuelven a la misma esquina de la casa. Esto es la escena musical moreliana. Estos son sus dos mejores vocalistas.

2.
La obligación de los poetas es la de estar largo tiempo sin hacer demasiado, pero lo poco que hacen es ver la estructura de las cosas y darles un giro completo, con una combinación violenta entre la lengua y las treinta y dos letras del abecedario. El ejercicio nace con los ojos, luego camina, se deforma, se modifica en el cerebro y termina en los puños, que bien puede quedarse ahí en lo escrito o terminar en saliva que se dispara entre dientes y labios hinchados. Un ejercicio similar al box, cuando se está bien hecho. Sudor, moretones, sangre. Axel Catalán lo hace como nadie. Con una responsabilidad que quiso enfundarse, (cualquiera pudo quedarse con la opción fácil de cantar en un inglés horrible sobre amor o desamor), Axel escribe tal cual, con el lenguaje que se usa en Morelia. Ese que está lleno de pues, iras y un uso indiscriminado del si, di. Habla sobre los temas que nos pasaron o están pasando a todos en este pedacito de tierra llena de furia y malas decisiones. Ni amor ni desamor: la violencia que hay en medio de todo eso.

3.
Una vez me dijo: “Me cagan las entrevistas, Dekis. Me ponen una cámara en frente y me pongo todo nervioso. Ni sé qué decir. Un amigo quiere hacer un documental de mi, tú crees. Me va a grabar haciendo puras pizzas el güei”. Luego le tomó al vaso lleno de charanda con refresco, eructó, se rascó las costillas y me dijo: “Qué te estaba diciendo, perro. Ah, sí, mis jefes. Hice la de Los Amantes por que ya quería hacer otro tipo de letras”. Le volvió a tomar, se rascó de nuevo y dijo: “verga, de qué chingaos he estado hablando todo este rato”.

4.
Bonita es una gran gran canción, pero no un gran inicio. Axel bien pudo decidir arrancar su Ep con un balazo como Perro Viejo, Calavera o la canción más emputada que se ha creado en Michoacán: Maldito. Con letras que mostraran más al Catalán explosivo y vuelto loco que todos le conocemos, a diferencia de un Axel más meloso y agradecido con la persona que lo surte de placer. Aún con eso Bonita sorprende y empieza con versos tan frescos y directos como estos:

cuántos besos le podrán caber en su cuerpo color miel”.

o la declaración abierta de:

es que estoy interesado en tener un doctorado en llenarla de placer”.
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Fiel, certero, brillante. Pero, a diferencia de la versión grabada en casa de este mismo tema, la Bonita del Ep es demasiado corta y termina de golpe. Dejando ganas de más letra y más coro. Y así parece en todo el Ep, nos acostumbramos a las versiones austeras y ahora que salieron las profesionales todo resulta más cuadrado y limpio. Quizá el toque estaba en lo lou fai del asunto. Aún así el Ep se sostiene sin problema alguno. Por que sabemos que con él no hay problema: la canción que saque sonará bien y tendrá una letra de lo más honesta y cruda, eso ya es ley.

5.
El disco brilla no solo por lo básico del análisis: las letras y el aire grinch de las canciones. Hay algo que también queda claro con el Axel de estudio y el Axel en vivo: es un gran guitarrista. De los pocos que de verdad se preocupan por crear riffs poderosos y claros, guitarra base concisa y solos pequeños, aunque bien complementarios. La llegada del sintetizador aniquiló la creación guitarrística en la ciudad y muy pocos se atreven a colocarla como elemento principal en sus canciones. Axel revive esto de manera inteligente. Muy poco queda del guitarrista de Los Poliesters, banda increíblemente mala en la que empezó Catalán. Se nota que hay años y años de avance en el dominio de su instrumento. Hombre y guitarra. Habitación vacía. Madrugada. Libreta y lapicero. Lo básico y a la vez lo único importante.

Maldito y Calavera revelan lo que ya todos sabíamos: aquí está el mejor letrista de Morelia. Ni la metáfora o la miel de otras banda pueden torcer esto. No es difícil imaginarse a Axel parado en un NRMAL haciendo que todo el mundo cante lo que escribió en su tiempo libre, después de horas y horas de cansancio en la moto, repartiendo. Qué mejor historial, qué mejor sentimiento que el que se vive de primera mano. Nadie puede sacar letras tan crudas y directas si no ha pasado varias veces por situaciones llenas de lodo, harina y cabezazos.

6.
Aunque hay que mencionar lo obvio, atrás quedaron grandes temas. Austero y su línea inicial que revienta oídos:

“Trabajo de una a nueve, soy adicto a mentir, no me gustan los domingos y no sé qué te gusta a ti”.

Efectos en la voz que le quitan lo atractivo al asunto, casi innecesarios. Además de dejar fuera a la fiestera El Coma, que recuerda mucho a las canciones de parodia que hace Peter Capussoto con su personaje cómico Violencia Rivas, es decir, baile y cinismo.

Y así, varias canciones emocionantes que, sin duda, vendrán en futuros epés, pero que se antojaban estuvieran todas ya juntas en el primer Ep de Axel Catalán. Asunto que duro años para poder materializarse. Pero que valió la pena para perfeccionar sonidos y una banda maciza con su hermano Carlos Catalán en la batería y el vocalista de Fracaso Hippie, Cuauhtli Bacilio, en el bajo.

Sin problemas estamos frente a un producto maduro, esa es la palabra. Un bat de metal golpeando una y otra vez un cráneo humano. Algo así como la portada que le ilustró Pablo Querea. Violencia de otro tipo. Derechazos en la nariz que desvían el tabique pero no asesinan. Una mezcla muy interesante entre la crónica, la poesía amateur y una guitarra educada y sádica.

El Ep está ya disponible acá en el Soundcloud oficial de Axel Catalán

Dekis Saavedra

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