Para las noches heladas y los cielos negros, nada mejor que un hombre triste y su guitarra. En un sitio que parecía una caverna modernizada y entre un montón de abrigos y cigarros, el folk se escurrió en concierto con la misma viscosidad del acero derretido en las fábricas soviéticas.

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Negrø, dueño total de una imagen curada gracias al tiempo y la experiencia, derramó más que nadie. Con una primera presentación con banda entera, recordó al público ese incómodo y mágico momento cuando Dylan enchufó su guitarra y cambió para siempre a la protesta urbana.

Sombrero de copa, maquillaje, producción y cempasúchil, la victoria del evento se dio justo al inicio. Entre temas coreados, nuevos y populares, la música del moreliano esparció más dedicación y mensaje que todo lo que llegó después.

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adan-jodorowsky-4210Esto no quita crédito al astro chileno que con solo una guitarra y una voz puberta transformó de inmediato la noche. Se coreó más y se dedicó a lo mismo: canciones populares, temas en francés, inglés y español, aunque con mucho menos esfuerzo y capacidad que el cantante michoacano.

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En una agenda que se planeaba más amplia, el suceso acabó pronto y todos salieron con el labio torcido y la promesa de una nueva fecha por parte de Jodorowsky.adan-jodorowsky-4236

Afuera, mientras covers de rock en español, trovas y rondallas ahorcaban el entorno, el folk tuvo su reinado y se desvaneció justo así como llegó: liviano e intocable.

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Fotografía: Janik Frías.

Texto: Dekis Saavedra.

 

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