🐺
Para muchos jóvenes la vida ya terminó. Encontraron un pequeño trabajo, rentaron un pequeño cuarto, se unieron a una persona, se adhirieron a cierta droga ligera, tuvieron algún hijo por accidente y todo lo demás que venga en el futuro será una repetición de cosas que ya sucedieron. No les queda mucho por conocer y planearán viajes y proyectos toda su vida que no siempre podrán hacerse. En esta fantasía existencial lo único realmente interesante y esperanzador es la música. Siempre fresca. Siempre distinta. Basta con saber buscar y así el vacío no es excusa válida. Consiente de sus alcances, la alegría se impone de inmediato ante la tragedia. No hay sonido profundo que no lleve una declaración por dentro. Si algo ha de salvarlos no será un presidente, un equipo o una revolución: será una canción bien hecha.

image

🐺
Salvajenada se puso internacional. Al nuevo año le sacaron ventaja como nadie. Su imagen clásica loufai quedó en el pasado y un nuevo lobo con tintes Hasbro emerge como nueva bandera. El objetivo es el mismo: no dejar de escuchar bandas de calidad difíciles de conseguir en el estado. ¿Qué hizo Michoacán para merecer estos eventos? Una sola cosa: enfadar con tanto evento clásico y monótono. El tedio del espectáculo sólo genera más espectáculo y, en ciertos casos, alguno realmente bien pensado. Con un cartel muy cercano a la oferta de los grandes, Latinoamérica fincó terreno en Michoacán con alineaciones de países como Venezuela, Costa Rica, Cdmx y Michoacán (porque sí, Michoacán tiene los conflictos de un país entero).

La buena logística, prima hermana de la excelencia, nos reveló un paisaje mucho más festivo que en otras ocasiones. Alguien pensó demasiado este nuevo Salvajenada y se nota por todos lados. Algo huele a nuevo y la sensación de estar en el evento era similar a la de estrenar tenis cómodos después de meses de carencia. El gentío, orgulloso de pisar terreno sagrado, se volvió loco como niños de visita en el zoológico. Los ritmos y el volumen estaban lo bastante suaves como para platicar junto a la bocina y aún así todo parecía la tribuna de una final de fútbol con equipos rivales. Los fans se quitaban la playera, gritaban hasta sangrarse la traquea y una brisa del pasado nos recordaba que la primer Salvajenada 2016 no es muy diferente de la primera edición de años atrás.

image

🐺
Salvajenada vuelve de local en el castillo donde se fincó la magia hace unos años. Jeudi sigue igual que siempre: gris, amplio, con ese aroma a bodega de autopartes en donde nadie se esperaría una gran escena para la posteridad. El entorno parece no morir nunca y el paisaje no promete nada más que sorpresas a cada visita. Consiente de su jerarquía, Jeudi se abre al más mínimo indicio de creatividad. Quien quiere toca. Acá no hay reclamos ni prejuicios. Un día alguien baila asuntos del Medio Oriente y al siguiente día una banda de hardcore encabrona a los vecinos. Jeudi, como buen padre, permite. Salvajenada viene siendo su hijo más consentido. El pequeño, el niño cachetón y consentido que siempre saca dieces. No hay manera de no recibirlo de nuevo después de que otros foros los trataron con indiferencia. La amalgama surge y el lugar retoma un brillo que parecía no volver a generarse. Qué gusto verlos juntos de nuevo. Son como Blondie y el CBGB. Un minuto de separación entre ambos implica un desacato moral para sus seguidores.

Comentarios

comentarios