Un artículo del periódico español El País proclamaba la muerte de los enfant terrible en el Festival de Cine de Cannes después de que expulsaran a su predilecto Lars Von Trier al mencionar sin pena su fascinación por el nazismo. Aunque concreto, el periódico ibérico olvidaba a otro personaje encantador tanto para el festival francés como para el público cinéfilo, se trata del argentino-francés Gaspar Noé.

Famoso por mostrar en pantalla grande una de las violaciones más recordadas del arte del celuloide en su película Irreversible, Gaspar regresaba a Cannes con una cinta tan polémica como sugerente. Love era su nueva apuesta a una apertura gráfica en un medio que privilegia al pudor sobre la interpretación realista. El sexo total que muestra su nueva cinta es tan certero y capaz como el de cualquier video de una productora o página web pornográfica.

La ausencia de pudor se nota desde la primera escena: una mujer desnuda masturba a un hombre hasta que este eyacula en su mano, muy cerca de su rostro.

El filme no tiene demasiada ingeniería, es la historia de una pareja de jóvenes como cualquiera que se haya visto en los dramas adolescentes actuales. Quizá el recurso sexual la muestre más profunda, pero la línea narrativa no es nada sorprendente. Lo que sí marca un punto fijo de interés es el manejo de los celos, la codicia y el rencor en la ruptura amorosa. El desarrollo de estos temas es magistral y a más de una pareja en el público le calaba tajantemente la historia.

Acompañada de un soundtrack excelso basado en grandes piezas de la música clásica europea, pasando por temas en donde la guitarra eléctrica es la gran protagonista como Maggot Brain de Funkadelic y la balada melancólica Before the Beginning del ex guitarrista de Red Hot Chili Peppers, John Frusciante, hasta temas más atmosféricos y pantanosos que embonan bien en las escenas sexuales más intensas, el filme logra una amalgama total entre audio y video.

Si bien la crítica despedazaría la cinta al señalarla como lenta, obvia y exagerada, Love podría quedar guardad perfectamente dentro del anaquel de los grandes dramas románticos de la segunda década del siglo XXI; todo eso si le quitáramos el exceso de penes, vaginas, senos y condones que interrumpen, a ratos, la excelente y caótica historia de cómo un condón roto puede destruir toda la estabilidad emocional de tres personas que pensaron el sexo como una de las mejores actividades recreativas de la existencia humana y no como un calvario inminente de la edad adulta.

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